Tejadita: viajero y sibarita

Tejadita: viajero y sibarita

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A través de sus cientos de piezas, Hernando Tejada nos permite penetrar en un sitio extraño en el que una frondosa vegetación rebosante de animales puebla la tierra, donde enormes mujeres talladas en madera y profusamente decoradas de barroquismos pirograbados prestan sonrientes sus servicios como teléfono, armario, jaula o atril; mientras juguetones gatos de ojos intensos nos miran con complicidad y misterio.

La obra de Tejadita se configura en relación directa con la realidad. Su creatividad lograba que esas alocadas invenciones interactuaran con su vida cotidiana y hablaran, desde su aparente “chifladura”, del mundo en el que el artista estaba inmerso. Así, su arte lograba penetrar y reformar su entorno. Su obra no solamente es chiste y ensoñación, mucho más que eso, representa una empresa tenaz de unir arte y vida llevada a unos alcances inéditos en el panorama artístico colombiano.

Sobre la identidad festiva de su obra, es también notorio que su apodo “Tejadita”, como era conocido afectuosamente por su famosa y corta estatura, reflejara su actitud cálida y risueña. Cuando aún hoy un solemne título de “maestro” o “maestra” es usado para referirse a los artistas que gozan de cierto respeto o relevancia para la historia del arte local, el diminutivo de Tejada no es un apelativo que riña con su reconocimiento como uno de los protagonistas de la historia artística colombiana. Al contrario, el seudónimo tiene relación directa con la particular gracia y atrevimiento con los que enfrentaba la vida, trae a la mente su chispa y particular soltura que hacen tan característica su obra. El diminutivo en este caso es sinónimo de grandeza.

Tejadita: viajero y sibarita
Lugar: Museo la Tertulia
Fecha final: Febrero 22 de 2015
Sala Maritza Uribe de Urdinola

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