Aromas callejeros…

Aromas callejeros…

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Foto: Carlos Rendón - El Clavo

Usted sale de clases cansado y con hambre, cuando se para a coger el bus se le viene a la cara una humareda espesa y con rico sabor a llanta quemada con gasolina. Cuando se monta en el bus cree que ya acabó la pesadilla y por su ventana entra de nuevo esa niebla negra cortesía de los buses de al lado, ¿ya no hay escapatoria cierto?

Imagínese llegar a su clase en la universidad con todas las responsabilidades, parciales, trabajos, y tener que doblar esfuerzos para concentrarse si tenemos en cuenta que este tipo de emanaciones tóxicas producen estrés al corazón, además de que los pulmones deben trabajar más para suministrar oxígeno al cuerpo. Así que su organismo debe esforzarse mucho más para brindarle las condiciones mínimas de rendimiento cerebral mientras come libros. Cuando de repente sienta un fuerte dolor de cabeza recuerde el humo que ya ha respirado en la calle mientras espera el dichoso bus.

Para luchar con este problema algunas ciudades de Colombia han puesto en marcha el proceso de chatarrización con el fin de sacar de circulación buses de transporte público con más de 15 o 20 años de servicio y que sólo aportan contaminantes al aire que respiramos.  El hollín (carbono impuro pulverizado) y humo que expulsan los buses afectan la salud debido a que su tamaño microscópico penetra fácilmente las vías respiratorias, llegan a los pulmones y pueden incluso causar algunos tipos de neumonías. Además, estas partículas pueden transportar bacterias, virus e hidrocarburos con efectos cancerígenos.

Los síntomas más comunes que se presentan por inhalar gases contaminantes producidos por diesel de los buses son: resequedad de fosas nasales, ardor en los ojos, fatiga, sensación de asfixia, tos, ronquera, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse, dolor en las piernas.

En 2008 Ecopetrol comenzó a distribuir en todo el país diesel con menos contenido de azufre y las cantidades por millón de este elemento han disminuido según los estudios del aire en las ciudades colombianas. Se espera que a futuro se puedan alimentar estos buses con diesel enteramente ecológico como lo hacen en Santiago de Chile y Ciudad de México. Claro que este biodiesel continúa rodeado de grandes polémicas debido al alto costo económico y ecológico que se genera al producir este tipo de bio-combustible.

El humo de los buses que recibimos en la cara afecta desde las vías respiratorias hasta la concentración en el estudio.

En Medellín y Bogotá sus administraciones distritales proponen buses que funcionen con electricidad o con gas. Los defensores del sistema eléctrico argumentan que el gas igual es un agente contaminador, los defensores del gas dicen que las líneas eléctricas son más costosas para la ciudad, que el gas es más limpio que el diesel y que se necesita un apoyo subsidiado del gobierno, el cual no está disponible en la actualidad.

Otra de las alternativas viables para disminuir los índices de contaminación que genera el transporte público es el replanteamiento de la distribución urbana de las ciudades, integrar las zonas de trabajo con las zonas residenciales haría que los trabajadores pudieran desplazarse a pie o en bicicleta de la casa a la oficina.

El director para América Latina del Centro para el Transporte y la Logística del Massachusetts Institute of Technology en Estados Unidos, Edgar Blanco, analiz
a como medida novedosa que las empresas u oficinas públicas decreten que la gente trabaje un día a la semana desde sus casas. Esto tendría un impacto positivo no sólo sobre la contaminación y la congestión, sino también sobre la productividad y salud de los empleados. Entonces, si esta propuesta se llegara a implementar alguna vez, ¿no quedaría mal proponer tomar las clases desde la casa y por Internet una vez a la semana?  Un día a la semana sin humo en la cara…

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