El suicidio juvenil

Aunque las estadísticas en Cali y el país muestren que los jóvenes mueren más por homicidios, accidentes y muertes naturales que por suicidio, este fenómeno violento sigue siendo preocupante para cualquier sociedad, ya que su trascendencia cuestiona todas las estructuras sociales en las que diariamente se desenvuelven millones de personas.

La muerte de un niño, de un adolescente, o de un joven por sus propios medios y por su decisión es especialmente más dolorosa que cualquier otra. En 1997 se presentaron en Cali 34 casos entre jóvenes de 15a 24 años y otros 15 casos entre los 25 y 29 años. Es decir, un 46% de los suicidios en Cali, que ascendieron a 105 en su totalidad. Si se contabilizaran los intentos de suicidio en esta estadística proporcionada por la Conserjería para el
Desarrollo, la Seguridad y la Paz (DESEPAZ) el problema sería aún mayor.

A partir de estos datos se ha logrado identificar con certeza que el suicidio no sólo afecta a los sectores menos favorecidos de la sociedad (estratos1, 2 y 3), sino que también se presenta aunque en menor proporción en los grupos más privilegiados (estratos 4,5 y 6). Además se determinó que aunque los niveles colombianos están por debajo de países como Estados Unidos (donde el suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes), Argentina, Venezuela entre otros, se han elevado durante la última década.

Pero estos números producen más que asombro y sorpresa. Abren un debate e invitan a una reflexión sobre las causas que pueden llevar a un joven a atentar contra su integridad, y sobre los medios que puede tomar una sociedad para evitar estos hechos. Investigaciones realizadas por la socióloga de la Universidad del Valle, Teresita Sevilla plantean algunas respuestas:

“El suicidio debe verse como una acción social, una acción consciente que va dirigida a alguien. El sociólogo Emilio Durkheim dice que detrás de una acción individual como el suicidio, existe un tejido social. Yo estoy muy de acuerdo con esto, porque el suicidio no ocurre de la noche a la mañana. Existen factores concomitantes (que se desarrollan durante mucho tiempo) como por ejemplo el abuso y los maltratos de un padre y desencadenantes (que inducen definitivamente a tomar la decisión de suicidarse) como que un día le pegó muy fuerte” afirma Teresita.

“Investigaciones como el proyecto Atlántida realizado por la FES y profesionales de diferentes
áreas estudiaron a los adolescentes de todo el país (1994 – 1996), llegaron a una gran conclusión: no existen modelos de vida a seguir. Los jóvenes están cansados de los adultos, no quieren llegar a serlo.

Tus papás te dicen no te emborraches, pero vos ves a tus papás haciéndolo. Tus maestros te dicen que debes ser honesto pero luego los descubres pidiéndote plata para pasar una materia. En ese momento los pelados sienten que todo lo que han aprendido no sirve en el mundo real. Y eso los lleva a que ese sentido de destructividad que ve en los otros, lo aplique sobre sí mismo”, explica la socióloga Sevilla.

Los problemas económicos del país y las escasas posibilidades de acceder a un mejor nivel de vida, es una situación que refuerza el conflicto. Pero toda esta problemática, según investigaciones realizadas, hacen que el joven busque salidas, nuevos grupos distintos a la familia a los cuales aferrarse. Los amigos, el equipo deportivo, sectas religiosas y otros grupos como pandillas, etc., ayudan a que el joven se identifique con algo, comparta sus problemas y le de un nuevo sentido a su vida.

Los jóvenes se están reuniendo y se están socializando, ocupando el papel que antes ocupaba la familia, ya que muchos se han dado que cuenta, de que los modelos de socialización que les ha dado su familia son obsoletos. Cuando todas estas opciones fallan o pierden validez para el joven, éste se suicida.”, dice Teresita Sevilla.

En Méjico un fenómeno violento como el suicidio ha aumentado desde la década del 70 en un 156%. En Cali en los últimos años se ha mantenido estable. Pero ¿se está haciendo algo para reducirlo o por lo menos impedir su aumento?

Una Institución como el Hospital Psiquiátrico San Isidro asiste, evalúa y brinda tratamiento a quien lo solicite y esté dispuesto a cubrir sus costos. Pero no desarrolla programas establecidos de proyección y prevención social sobre el suicidio. Investigaciones como el proyecto Atlántida a nivel del país sobre el comportamiento de la juventud colombiana, y en Cali, de la Socióloga Teresita Sevilla, complementan esta labor, trabajando y planteando nuevas respuestas y nuevas preguntas, para seguir estudiando el fenómeno, en busca de desarrollar acciones concretas, con fines preventivos.

Con CISALVA (Instituto de Investigación y Desarrollo en Prevención de Violencia y Promoción de la Convivencia Social), este año se piensa correr un programa de investigación e intervención, directamente con grupos de jóvenes y con dolientes (personas que han sufrido una pérdida, en este caso por suicidio). Los estudios epidemiológicos siguen aportando información clave sobre este fenómeno. La realización de foros y conferencias de parte de la Sociedad Vallecaucana de Psiquiatría y otras entidades y la divulgación de información en los medios masivos de comunicación han servido para difundir y conocer más a fondo el problema y las posibles salidas para su tratamiento.

Suficientes o no, estas son las acciones que se están desarrollando para afrontar un fenómeno violento como el suicidio en Cali. Aunque está claro que la sociedad actual esta más consciente del problema, todavía falta mucho camino por recorrer para actuar decididamente sobre este problema.

Aunque el caos y las contradicciones de esta sociedad de finales de siglos no desaparezcan y sigan en crecimiento, lo importante es saber que existen opciones y nuevos caminos para seguir viviendo, y para reevaluar el sentido que todos le damos a la vida.

Comments

comments