Metralla

Metralla

Me atreví a salir de mi resguardo en medio de la caótica Bogotá para entrevistar a un combatiente de la gráfica colombiana conocido como Metrallo, un soldado cuyo armamento se compone de intervenciones urbanas, cortos animados y producción de diseños que combinan lo manual con lo digital. Lo encontré en su campo de batalla: frente a un computador, y del interrogatorio al que lo sometí, saqué en claro lo que sigue.

El ambiente estratégico en el que creció fue un detonante para el desarrollo de su imaginario gráfico: aunque los primeros años de vida los pasó en un orfanato en Cali, con monjas y curas a quienes ayudaba en la limpieza de los cuadros y demás imágenes religiosas, también tiene recuerdos lejanos de unos tíos que sólo oían rock. Cuando más adelante se convirtió en un desertor del camino creyente, los íconos religiosos tanto como la música ya hacían parte esencial de su vida, y lo serían de inmediato de sus ilustraciones y demás diseños.

Este también fue un periodo de abastecimiento vertiginoso: era la década de los años ochenta y Metrallo salía a las calles, veía cómo era Cali, cuáles eran sus colores y se daba cuenta de sus expresiones populares. Igualmente, de esta época datan sus horas frente al televisor, observando estratégicamente programas como Plaza Sésamo, El Chavo del ocho y Las aventuras de Capulina; o sus primeros estudios de balística que consistían en tomar la sección de caricaturas de los periódicos, y tratar de dibujar por su cuenta personajes como Calvin y Hobbes o Astérix y Obélix. Tal vez fueron estas las primeras balas que disparó tímidamente, y que empezaron a construir lo que sería una carrera armamentista caracterizada por las explosiones de color que a veces aparecen en sus ilustraciones; por las manifestaciones de lo popular mexicano y nacional que permean o son tema recurrente, y por una estética caricaturesca que se reconoce en muchos de sus personajes.

Pero no fue sino hasta la universidad el momento en que Metrallo decidió dar sus primeros asaltos: desmanteló las paredes del establecimiento con sus tags y, aunque las directivas quisieron emboscarlo, no lo pudieron descubrir en ese momento. De ahí empezó a combatir en las calles por medio del contrabando de murales y stickers, y en agencias e instituciones académicas trabajó como agente encubierto por unos dreadlocks larguísimos, similares a los brazos mecánicos que suelen ser parte de la fisionomía de sus personajes. La onda explosiva de Metrallo comenzó a expandirse más allá de las fronteras colombianas, cuando, gracias a una estadía artística, pudo trabajar en México durante varios meses.

El reconocimiento fue llegando y las condecoraciones para este recluta no se hicieron esperar: fue parte de colectivos gráficos, salió en revistas y libros, diseñó para grandes marcas y expuso en algunos museos. Hoy en día desde su trinchera en la capital del país, Metrallo se prepara para seguir llenando la calle, los impresos y la web con sus balas contundentes y de alto riesgo, con aquello que él mismo llamó, su Metralla Gráfica.

Comments

comments