Mi-arte por todos lados

Mi-arte por todos lados

El arte siempre ha tenido críticas y alabanzas a lo largo de la historia, siempre ha dado de qué hablar, sea por medio de sus diferentes técnicas como: la música, pintura, escultura, arquitectura, danza, literatura, fotografía, teatro, cinematografía y las artes gráficas, las cuales siempre llamarán la atención, claro; siempre y cuando tenga un artista impulsándolo con algo innovador o impactante.

 

imgUna de las tantas técnicas en el arte es el performance o arte en vivo, que es otro tipo de arte que busca que la expresión sea libre, en la forma que sea, donde se muestra las acciones de un individuo o un grupo, en un lugar determinado y durante un tiempo concreto. Es un estilo que busca que el público interactúe con la obra del artista. Un ejemplo es Julián Beever, famoso por sus intervenciones en las calles londinenses con figuras de ilusión óptica en perspectiva 3D hechas en tiza, que por supuesto hace que su obra se acabe en una lluvia cualquiera.

Este tipo de intervenciones cada día son más agresivas pero ¿cómo saber cuando es performance y cuándo es realidad? ¿Quién define o da nombre a estos artistas? Un ejemplo de lo que podríamos denominar arte con responsabilidad social, es el caso del fotógrafo  David Carter. Un reportero gráfico de las más sangrientas guerras en su país. Su tarea era mostrarle al mundo, por medio de lo que mejor sabía hacer (fotografiar), la realidad que se vivía al interior del país. El jurado de los Pulitzer le entregó este premio en el año 1994 por la fotografía de la niña semidesnuda y desnutrida, a quien la observa un hambriento buitre.

Ganar ese premio fue quizá lo peor que le pudo pasar a David, a partir de ahí la gente empezó a reprocharlo y a juzgarlo por no haber ayudado a la niña de la fotografía. David en el momento sólo pensó en disparar su cámara, ésa era su labor y con eso vivía tranquilo. Pero pasados cuatro meses de haber ganado el Pulitzer y de soñarse con los muertos de las fotos que retrataba, de pensar en aquella niña que no ayudó, y la muerte de su mejor amigo en guerra (fotógrafo también) no aguantó la culpa y se suicidó en el interior de su auto. “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.
En la actualidad podemos comparar a David Carter con el artista costarricense llamado Habacuc el cual amarró un perro callejero al borde de la muerte y lo expuso como una obra de arte. Muchos detractores no consideraron esto una manifestación artística. La crítica y el espanto de los espectadores fue unánime, pero ningún asistente se molestó en desatarlo o alimentarlo.

Es muy fácil juzgar a estos artistas por sus intervenciones y su trabajo con la realidad cruel-existente, cuando lo que hicieron Habacuc, Carter y hasta Eddie Adams —ganador también de un Pulitzer por la fotografía del fusilamiento de un rehén en Vietnam—  fue mostrar algo que estamos acostumbrados a ver o a escuchar a diario en las calles y no nos alarmamos. El gran asombro es que nos lo muestran con el nombre de “Arte” o con personas que se consideran “artistas” y no con un título periodístico al mejor estilo Pirry, y ¿Qué hubiera pasado si Habacuc hubiera tomado una foto en cambio de  exponer la muerte del perro en vivo?   Recordemos que tanto el arte como la realidad nunca van a ser sólo bonita, mientras habrá que pensar es en cómo mostrarla.

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