Clavitoria: Se escribe español

El despertar de China, Europa y Latinoamérica está abriendo oportunidades para que en este siglo la globalización sea una verdadera interrelación de culturas y no un “agringamiento a la brava” como hasta ahora.

Esto es lo que parece mostrar el tímido aumento de indicadores como la disponibilidad en nuestro idioma de cine, música y literatura de diferentes países o que un colombiano haya desmentido el mito de que para tener éxito en el mundo hay que cantar en inglés.

No obstante, esto no ocurrirá en un día y menos sin que fuertes intereses económicos peleen a muerte para impedirlo, ya que la cultura es codiciada como medio para alcanzar fines económicos y, en consecuencia, políticos. Por ejemplo, sin diversidad cultural, quien fabrique adornos navideños puede tener a su disposición un mercado ya no de millones, sino de miles de millones con una mínima inversión en investigación y desarrollo. Basta recordar cuántos viejitos con los colores corporativos de Coca-Cola, muñecos de nieve, pinos y renos se vieron en la navidad pasada para darse cuenta de la magnitud de la influencia. Nuestra cultura ha estado bajo ataque y de nosotros depende quién la controle.
Tener conciencia de todo esto es importante porque nuestra cultura es el medio en el que crecemos como individuos y como sociedad, y gracias al español podemos experimentar y compartir muchas de sus manifestaciones; las palabras son como ladrillos con los que construimos nuestras ideas, modelamos nuestras acciones y decidimos nuestro futuro.
Por eso quien repite una expresión extranjera sin reflexionar siquiera en cuál podría ser su equivalente en español no se está enriqueciendo, sino que tal vez nos está empobreciendo a todos. Hay que preguntarse si los que usan expresiones innecesarias o mal formadas es porque dominan otros idiomas o porque ni siquiera dominan el que han hablado toda su vida. Y queda la duda de si quieren, a propósito, que no los entiendan más allá de un reducido círculo o más bien están desnudando su falta de recursos para expresarse.
Muchos se excusan en que los responsables de los mayores desaciertos en el uso del español somos los que estamos detrás de los medios de comunicación. Puede haber mucho de cierto en esta afirmación si se tiene en cuenta que muchos diseñadores gráficos, publicistas, periodistas y locutores de emisoras juveniles son tanto o más sofisticados que Beto Reyes. En semejantes manos, la credibilidad se convierte en un arma de doble filo ya que son nuestros errores magnificados los que otros repiten.
Esto no quiere decir que la cultura no cambie ni se renueve. Nuestro papel como jóvenes es justamente hacer nuestro aporte, pero para que perdure hay que hacerlo bien. Por esta razón desde estas páginas nos esforzamos por enriquecer lo que tenemos en común, sirviendo de medio para que nuestras ideas sean leídas, discutidas, controvertidas, compartidas y posiblemente recordadas. Pero para que no se las lleve el viento, las palabras que las expresan deben tener raíces, deben tener algo que las ligue al resto de nuestra cultura para que sea reconocible y comprensible.
Si lo que escribimos en los medios de comunicación es el borrador de la Historia, no basta con que reflejemos lo que sentimos y pensamos, además necesitamos que nos entiendan. Si pretendemos ser tenidos en cuenta en la sociedad debemos aportar nuestra perspectiva del mundo, pero incluyendo a los demás, no excluyéndolos. En pocas palabras, escribiendo en un dinámico español que lleve nuestra firma.

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