De la oferta y la demanda

Cuando alguna compañía inventó la llanta de caucho, el Betamax, el icopor o el Tetrapack se pensó en prestar un nuevo servicio y en la comodidad de los usuarios; pero no en qué pasaría cuando dichos productos fuesen desechados o sencillamente declarados obsoletos. A toda esta gran cantidad de desechos sólidos, líquidos y gaseosos se les llama vulgarmente basura. Algunos hablan de que una de las causas del fin de la humanidad será por el abuso del medio ambiente, por no haber pensado en qué pasaría con ese producto luego de ser usado. Tal vez en algunos años correrán demandas por asuntos ambientales y éste será el tema de moda, saldrán manillas y banderitas de color verde y los jóvenes de hoy hablarán como lo hacen los abuelos: “antes no era así. Yo recuerdo…”. Pero todo no servirá de nada y nuestra actitud reactiva sólo traerá frustración.

De ese panorama tan cruel, un tema tan harto y ‘mamón’, algunos dirán “¡Ah! Qué pereza esta gente. Más bien paso la página y busco los dibujitos…”. Y es entendible, lógico. Una cultura como la nuestra que todavía hace cuentas por la selección Colombia de mayores, dizque para el Mundial, por un equipo mediocre, buscando el repechaje… un país que se deja mangonear por sus dirigentes… una cultura totalmente sumisa… “que aquí no pasa nada…”; qué le va a interesar lo que trasciende al mañana.
Volviendo al cuento de la basura, no solamente los bienes y servicios son creados a corto plazo de una forma egoísta, sin pensar en el futuro. A nosotros nos pasa lo mismo y en especial a los jóvenes, una presa fácil para los medios de comunicación y el comercio. Es el target, el segmento de mercado apetecido por todos porque compran sin pensar, por tendencia, sin medir comodidad, precio y calidad. Los jóvenes tienen un estilo de vida fugaz, homogéneo, del momento, totalmente liviano. No por nada el eslogan de Águila Light es “pásala fácil” y el de VISA “porque la vida es ahora”. No existe un pensamiento de causa y efecto, de imaginar nuestras vidas dentro de cinco años y menos un futuro más allá. Tenemos una vida basura, nuestras relaciones sentimentales son del rato, del vacilón, del rumbear, del estar bien. ¿Y mañana qué? ¿Acaso necesitamos que se nos muera un familiar o que Online Casino Coupons nos dé cáncer para que pensemos de otra forma?
Las lógicas de mercado y el comercio se pasaron de la raya hace rato. Productos transgénicos, el reggaeton, Jota Mario, los realities, Marbelle, las neveras con Internet, mascotas virtuales, muertes por liposucción y la pérdida de valor de un beso son consecuencia del comercio, de comprar barato y vender caro, de más productividad a un precio más bajo. La cultura ya no es rentable, el arte tampoco por no ser comercial. ¿Qué pasa con las vocaciones? Nuestras vidas no pueden responder a la oferta y la demanda, no puede ser que se cierren facultades y programas universitarios simplemente porque no salió favorable el estudio de factibilidad. ¡No puede ser! Es como venderle el alma al diablo. Y no es sólo ver una ciudad como Cali, la cual está llena de puros ‘narcos’, puros negocios para lavar dinero, unas viviendas a precios absurdos, una cultura vacía conquistada por el vallenato, con gobiernos que retrasan a la ciudad en comparación con ciudades que progresan como Medellín, Barranquilla y la muy popular Bogotá. No se piensa en el largo plazo, en los tiempos de una sociedad, tan solo en lo corto de una generación.
Así como dentro de unos años los tsunami, la pérdida de ríos, las mutaciones y el desorden ambiental serán algo normal, las películas como El día después de mañana e Inteligencia artificial serán tomadas como profecías. Lo mismo sucederá con situaciones como el aborto, enfermedades, crisis de identidad, ancianas con senos grandes y el vivir sin sentido como en las películas Matrix, El vengador del futuro y hasta Futurama.

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