Con las manos en la masa

Con las manos en la masa

Hace dos años, el entonces candidato presidencial Antanas Mockus comentaba en una charla sobre el autocontrol aplicado al tema de ley, moral y cultura, y decía: “manéjense como si los estuvieran grabando”.

Y claro, si a uno lo están grabando todo el tiempo, a lo mejor no se dicen y hacen ciertas cosas. Por supuesto, sin llegar a los extremos de los antiguos conventos de monjas en donde habían letreros en los baños que afirmaban: “Dios te está observando”. Bueno, eso era para otras cosas que no son tan autocontrolables que digamos. De cualquier forma, prácticamente la historia de la película “The Truman Show”, en donde un hombre es un protagonista de un programa de televisión sin saberlo, es cada vez más real.

El hecho de que las personas cada vez tengan más acceso a cámaras de fotos y video, sin costos de revelado y difusión por medios electrónicos, hace que estemos expuestos a quedar en archivos electrónicos que se suben a Internet o simplemente se envían por e-mail. Podríamos enumerar cientos de casos en los que la privacidad se vuelve pública, como la ejecución de Sadam Hussein, los videos de Paris Hilton, Ana Karina y Marbelle, las fotos del computador de Raúl Reyes y los cientos de mails que llegan con “Asunto: Las prepago de la universidad tal”.

Muchos hablan de que estamos en los tiempos del periodismo ciudadano, de los reporteros callejeros y de la democratización de los medios, ya que cualquier persona puede tener un blog y publicar imágenes y videos por medio de Youtube, por ejemplo.

La pregunta es: ¿quién corrobora la veracidad de esa información? Estas situaciones no obedecen a las instituciones sino a las personas que publican y ya. ¿Cómo saber si la vieja empelotada que sale en la red como prepago lo es en realidad? ¿Quién dice si en realidad no manipularon una imagen con PhotoShop? ¿Cómo hacer para que no publiquen una foto de uno en online casino australia Facebook? ¿Quién controla la distribución de un video XXX en las calles? ¿Alguna vez se ha buscado en Google?

Se toma con mucha ligereza el tema de registrar en fotos y videos a personas sin su aprobación. Es que uno ya no puede meterse el dedo a la nariz tranquilo o participar de un mini torneo de ‘rasquin-ball’ sin que exista la posibilidad de que estos eventos sean transmitidos en diferido, omitiendo la aprobación de nuestros derechos de transmisión. ¿Cuántas personas no han sido pilladas en lugares donde no debían estar por medio de una foto? ¿Cuántas personas le huyen a las cámaras porque no les conviene salir en esa imagen?

Uno de los derechos fundamentales de todos es el libre desarrollo de la personalidad y a elegir qué se hace con su vida. Pero por ello es importante ser consecuente con lo que se hace, dice y piensa. Un ejemplo podría ser el de Antanas Mockus, quien supuestamente “actuó como si lo grabaran” en los años 90 cuando se bajó los pantalones y calzoncillos en un auditorio de la Universidad Nacional: un grupo de guerrilleros encapuchados sabotearon su exposición y sus pálidas nalgas fueron transmitidas por todos los medios.

Por ello, si lo pillan haciendo algo, fresco, porque usted lo aceptará y asumirá con responsabilidad las consecuencias de sus actos. Tocó ser consecuente con todo lo que hace como si lo fueran a grabar. Suena ñoño pero ni modo: esto se salió de control y nuestras vidas son más públicas de lo que parecen.

Ahora, cuando entre a un motel, salga con su otra pareja o simplemente se tome unos traguitos de más, piense que apenas dé papaya, alguien lo va a tener guardado en su celular para luego hacerlo protagonista de una discusión por Facebook, o presentarlo en una diapositiva del próximo PowerPoint titulado: “In fraganti” o en “Por qué ya no bebo”.

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