¿Cuánto quiere sacar en la encuesta?

¿Cuánto quiere sacar en la encuesta?

Antes de las pasadas elecciones de alcalde, las encuestas daban como seguro ganador en Cali a Kiko Lloreda, pero al final quien ganó fue Jorge Iván Ospina. En Bogotá, quien era absoluto favorito era Peñalosa, pero quien le ganó la Alcaldía Mayor con un resto de ventaja fue Samuel Moreno. Estos son sólo dos de los casos que dejaron como un zapato a los grandes encuestadores del país.
Deberíamos considerar muy importante la credibilidad de las encuestas porque las usamos como respaldo para justificar cualquier cosa. Nos gustan tanto, que también echamos mano de otros instrumentos del mismo parche como los sondeos de opinión, los estudios de mercadeo y los cuestionarios de Facebook, que técnicamente no son encuestas pero los usamos para lo mismo. Por eso hay dos grandes problemas con las encuestas a los que deberíamos prestar atención.
El primero es que asumimos que la opinión expresada racionalmente por los encuestados va a ser la misma que van a seguir cuando decidan (por ejemplo al votar o al comprar). Basta con mirar cualquier sondeo y sabremos que, de dientes para fuera, los colombianos queremos ver más programas culturales, que los realities y las telenovelas nos parecen basura o que nos parecen el colmo la corrupción y la piratería. Sin embargo, las estadísticas que miden nuestros hábitos de consumo como país muestran todo lo contrario. Esto lo que sugiere es que los seres humanos no actuamos de manera lógica o racional (exclusivamente), sino que también hay factores emocionales que también influyen mucho en nuestras decisiones. Y para medio filtrar eso se necesitarían cuestionarios y entrevistas como las de selección de personal para saber cuándo una respuesta es consistente con el resto y cuándo el encuestado sólo está respondiendo para quedar bien. Y esas cosas no se las preguntan a los encuestados, ¿o sí? Pregúntenle a un amigo que haya participado en alguna encuesta… si lo encuentran.
El otro problema con las encuestas es la forma como se presentan sus resultados. Con frecuencia vemos que la misma encuesta sirve para sustentar posiciones completamente diferentes dependiendo de qué datos escoja analizar el medio de comunicación de acuerdo con los intereses de sus dueños, especialmente la televisión y las revistas (no nosotros: todavía somos lo suficientemente chiquitos para seguir siendo bacanos).
¿Entonces qué hacemos? No se trata de satanizar a las encuestas, porque finalmente tener una idea de lo que piensa la gente es mejor que no tener ninguna, pero hay que ser consciente de que cualquier encuesta deja un margen bastante grande para la especulación. Nuestra invitación es a que cuando tomemos decisiones, como al votar por candidatos a cargos públicos, no nos dejemos influir por “el que va ganando”, ni dejemos de apoyar al que va de último sólo por “no desperdiciar el voto”. Decidamos con base en argumentos concretos y de la manera más autónoma posible, para que la democracia sea un mecanismo que funcione y no sólo un adjetivo para hacer más presentable la dictadura de las mayorías.

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