El archivador de diplomas

El archivador de diplomas

En la sociedad en la que vivimos, se ha venido construyendo una serie de mecanismos para incrementar la cantidad de términos para definirnos. Los neoliberalistas, los rebeldes, los creativos, los fiscales, y los fiscales destituidos. A este tipo de caracterización, se le debe sumar aquel calificativo que obtiene el ser humano a partir de un diploma. Soy Comunicador, soy Diseñador, soy Politólogo, soy Abogado y soy Artista. Generalmente, son jóvenes los que se juegan los períodos de tiempo para adquirir ese segundo apellido. Y es entonces cuando entra la sociedad de adjetivos, para calificar a estos recién graduados.

Son muy jóvenes estos jóvenes para el mundo laboral. Son inmaduros y faltos de experiencia. Los calificativos de los grandes empresarios comienzan a acompañarse de una razón matemática: tu edad es directamente proporcional a tus capacidades.

 

Con esta excusa, es como sobresale la poca oferta laboral para quienes acaban de obtener oficialmente su segundo apellido. Y entonces se emprende una larga carrera para ellos, de trabajos como practicantes, de oficios sobre explotados en los que los grandes afirman que los pequeños aún no deben entrar en las grandes ligas. Deben seguir acumulando experiencia.

En una entrevista, el gran ensayista norteamericano Thomas Frank afirmaba que la creatividad de los jóvenes era el material base para la grandes ideas publicitarias y que esta rebelión juvenil implicaba una cierta cantidad de ideas claves para el mundo corporativo.

Si por ese lado del mundo de occidente, ya se entiende el valor no sólo intelectual sino económico de los jóvenes en el ámbito laboral, ¿por qué se sigue, por este lado del globo, ignorando la importancia del profesional recién graduado?

En el cliché de decir ‘los jóvenes son el futuro’ está gran parte de la respuesta a esa búsqueda de desarrollo en nuestro país. Sin embargo resulta importante redactar mejor la propuesta para combinarla con el hoy. Es ahora, cuando el material que propone la juventud para ser desarrollado, debe ser tenido en cuenta en el mundo de las sumas y las restas. Sumar es necesario en esta sociedad gústele a quien le guste. Los jóvenes están sumando ideas en las redes sociales; los jóvenes están sumando contenido.

Y si cabe la duda sobre si con el título recién puesto sobre el papel van a poder resolver problemáticas de la sociedad, pues entonces cabe recordar que lo más importante en esta primera década del siglo XXI, es el cómo se administren los contenidos. Si los jóvenes están comunicándose a gritos a través de estas redes sociales, haciéndole saber a los gigantes que son importantes, que son capaces y que son creativos, pues a cambio, estos gigantes de experiencias deben darles a ellos eso, responsabilidades. Dejarles claro que lo que deben llevar en sus nuevos morrales de profesionales, ya no son sólo ideas sino acciones. El compromiso con el que se asuman, terminará siendo la verdadera firma de aquel diploma de niño recién graduado.

Finalmente, no se trata de alardear del nuevo apellido, ni de cargar el diploma como credencial de billetera, sino de asumir lo que se sabe sólo con acciones. Parecerse a lo que se es, es la mejor prueba de un buen profesional.

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