El cuento de la Educación

El cuento de la Educación

Cuando tenemos conversaciones tipo “arreglemos el país”, siempre se llega a la pregunta de cuál es el problema que tiene Colombia, inmediatamente la agarramos con el presidente de turno y la guerrilla. También acusamos a los políticos, la corrupción, la violencia y en especial a un grupo de personas a los que llamamos “la gente”. Entonces comienza a decirse que “la gente tal cosa”, “la gente lo otro”… y uno nuca sabe quién es “la gente”. Pero al final del tema, cuando hemos planteado miles de hipótesis llegamos a la conclusión que el problema es la falta de educación. Sí, porque a esta altura del paseo ya sabemos que el problema no es la guerrilla, que hizo presidente a Uribe, ni tampoco Chávez, sino la educación de todo un país.
Pero cuando hablamos de educación no nos referimos necesariamente a la cobertura académica, ni a la falta de profesionales y tecnólogos, sino al acceso a un conocimiento, comportamiento, cultura y calidad de vida, los cuales eleva los niveles de bienestar y convivencia de un país. El hecho de entrar a una universidad no nos hace más “educados”. Por ejemplo, ¿cuál es la diferencia que hay en el comportamiento de un político ladrón y corrupto con el de un estudiante que hace copia en un parcial o simplemente baja su trabajo de la Internet de una página de México?
Es que el tema de la educación no hace referencia a que todos tengamos Ph.D. o MBA o cualquier estudio con el que la gente saca pecho y lo pone en su firma no por lo que aprende y best-driving-school.com which are licensed by the ministry) are listed on the ministry’s public web-site under http://www. sabe si no por lo que le costó. El tema de ir o no a la universidad es en gran parte un tema social y de status más que un proceso de transformación que hace más competente a quiénes acceden a ese privilegio. Es que “la gente”, ese tipo de seres humanos que acusamos de todos nuestros males, ¿son analfabetos? Leer, escribir y sumar son herramientas; saber el nombre de los departamentos de Colombia, los huesos del cuerpo humano y que somos mamíferos son conocimiento. Acá hablamos de saludar, de no botar basura a la calle, de planificar los hijos, de no robar, de comprender la política y más allá. Se trata de entender lo que se lee y aplicarlo a la vida para mejorar como persona, sociedad y así generar calidad de vida. Como decía Platón, “… el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano”.

Necesitamos educar a “la gente”, necesitamos educarnos. Entender qué pasa con la famosa crisis mundial, por qué hay guerras, por qué no renuncia el Ministro Valencia Cossio, qué es izquierda y qué es derecha. Cosas tan fundamentales como planear nuestra vida, tener perspectiva sobre el problema del medio ambiente, entender por qué hay violencia en Colombia, por qué tenemos un conflicto armado de tantos años. Saber cómo funciona el gobierno y mi ciudad. Cómo  puedo participar en ella, decidir, hacerme cargo de mí y mi futuro. Eso es mil veces más importante que simplemente graduarme y ya.

La propuesta es que en las instituciones académicas no sólo se instruya sobre técnicas, conocimiento nuevo, tecnología y ciencia, sino también dediquen horas de clase para educar las competencias que nos permitan ser mejores ciudadanos, tener mejor convivencia, cultura, aprender a soñar con un mejor país y no únicamente en tirar cada uno por su lado para obtener el puestazo y una mejor condición económica, sin importar o que sucede en nuestro entorno. Esto tal vez se logra con unos estándares de educación más equitativos y dirigidos hacia una verdadera formación integral, que comprometan de verdad a las instituciones académicas. Porque dicha formación integral no consiste en tener tres practicantes de psicología que no tienen idea de qué hacer, pero con los cuales se cumple con el requisito para la famosa acreditación de alta calidad de la que habla la ley. Tampoco se trata de adaptar a la fuerza en el sector educativo los estándares creados para el sector productivo como las normas ISO.

Bocadillo

El tema de la educación no hace referencia a la cantidad de títulos que tengamos, sino a cómo somos como ciudadanos.

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