Estrena tu cédula

Estrena tu cédula

Foto: César López - EL CLAVO

A más de uno le pasó el chasco: andaba rumbeando en algún chuzo, feliz tirándoselas de grande después de haberse dado sus mañas para entrar a pesar de ser menor de edad cuando ¡PLUM! ¡LA MALDITA POLICIAAAA! Y carajo, corran a esconderse en el cuarto chiquito del último piso del rumbeadero. Esto por no hablar de los que contaron con menos suerte y terminaron boleteándose en una inspección de policía. Esas eran las cosas que pasaban antes de que llegara la libertad en forma de rectángulo plastificado: la cédula, esos cuarenta y seis centímetros cuadrados de independencia cubiertos por hologramas.

Superada la emoción de llegar a la mayoría de edad, la cédula se volvió uno más de los carnés que se cargan siempre en la billetera “por si las moscas” y allí permanece hasta ahora, saliendo sólo de vez en cuando para pasar por la fotocopiadora. Si se le pudiera leer el tarot a una cédula, seguro el encantaría escuchar que en el próximo octubre las cosas van a cambiar  porque conocerá un lugar famoso en donde será algo más que un papel, se hará voz, decisión, poder, independencia y libertad de verdad. Ese lugar tiene un nombre aburridísimo, filas aburridísimas, policías aburridísimos… en fin. Ir a un puesto de votación no es precisamente una rumba, ¿o sí?
Pues QMP[1], no todo en la vida puede ser rumba. Hemos sido y seguiremos siendo muy intensos al repetir una vez, dos veces, un millón de veces si es necesario: HAY QUE VOTAR. Y es que sí, queremos lavarte la cabeza, no para que salgas como un autómata a votar por el candidato que tenga más publicidad, ni para que te quedes como idiota mirando el techo de tu casa mientras escuchas las 2000 canciones que tienes en tu iPod. Este lavado cerebral busca que te metas en el cuento de ser adulto de verdad y decidir sobre tu vida en todos los aspectos.
Da pesar tener la cédula guardada después de haber esperado 18 años para tenerla. No faltará el cincuentón que todavía no la estrena porque la ha dejado amarillándose durante décadas mientras las ratas se comen el país y su dinero. Esa no es la actitud, porque no tiene mucho sentido dejar que otros hagan lo que les da la gana con los impuestos que pagaste al comprar tu ropa, tu comida, la botella de guaro y la boleta para el concierto. ¿Aguanta o no hacer la cola en octubre?

[1] QMP: ¡Qué Mierda, Parce!

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