Francisco, el revolucionario. ¿Hacia una Iglesia moderna?

Francisco, el revolucionario. ¿Hacia una Iglesia moderna?

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Hace más de 1 año que el Papa Francisco fue elegido como el Supremo Representante de la Iglesia Católica, convirtiéndose en uno de los personajes más comentados y reportados por los medios de comunicación del mundo.Mucho se ha hablado de la revolución que está gestando en una institución que con el pasar del tiempo ha ido perdiendo su credibilidad debido al gran número de escándalos que la rodean. Es de dominio público las arbitrariedades, delitos y demás hechos vergonzosos realizados por los sacerdotes, que, en su posición de pastores de la moral y la bondad, han despertado rechazo generalizado. A este panorama llega el jesuita argentino, que con la convicción de un liderazgo exento de lujos –algo insólito para el máximo jerarca católico- trata de apagar el fuego propiciado por sus subalternos.  Francisco, a comparación de sus predecesores ha rechazado los alardes de su investidura. No reside en una de las lujosas habitaciones del Vaticano, tampoco utiliza el tradicional zapato rojo, ni se moviliza en el fastuoso papamóvil. En sus encíclicas y sermones invita a que no nos dejemos llevar por lo material y que le demos importancia al espíritu. Francisco ha sido implacable con los curas acusados de delitos y se ha proclamado enemigo de la ostentación de la Iglesia.

Sin embargo, a pesar de que el Papa hace parte de la corriente liberal que tanto necesitaba el Vaticano, la Iglesia Católica aún está lejos de ser moderna. La doctrina sigue siendo la misma, en donde el poderío machista es la constante. Aún persiste el rechazo al matrimonio igualitario y a la familia homoparental, así como al aborto y al uso de preservativos en las relaciones sexuales. Es por eso que algunos pensadores afirman que la “revolución del papa” no es más que una estrategia del Vaticano para recuperar fieles que han abandonado la Iglesia.

Cierta o no esta teoría el Papa Francisco asume el reto de una institución religiosa sumida en el caos organizacional y el descontento de sus feligreses. Por lo pronto hay que reconocerle que ha logrado poner los ojos del mundo sobre él y sus acciones, que aunque no son trascendentales en la agitada vida actual, sí logran poner a reflexionar a más de uno sobre lo que es realmente importante de la vida: el espíritu.

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