La nota no está midiendo lo que debería medir

La nota no está midiendo lo que debería medir

El gran problema radica en que desde los primeros años de vida nos están tratando de ubicar en uno de los tres grupos marcados por esta sociedad: los vagos, los mediocres y los ñoños

En el medio se pueden encontrar diferentes tipos de personas con diferentes tipos de historias: gente que alardea de un título que consiguieron a costas de otros, seres que emigran de un lugar a otro sin poder establecerse, otros frustrados pues se sienten decepcionados de lo que saben ya que parece que aquellos años invertidos en estudio no rinden frutos; y por supuesto, aquellos que de alguna u otra manera gozan de los placeres que genera ser un profesional bien pago. Este tipo de personajes y de situaciones generan interrogantes tales como: ¿Será cierto que el mejor estudiante es el mejor profesional? ¿Cuál es el criterio para determinar si alguien es bueno o no en algo? ¿El ICFES determina la verdadera vocación del estudiante? ¿Acaso el ECAES sirve para algo? ¿”El vago” siempre será vago? ¿Quién en verdad es el mediocre?

Acontece que el gran problema radica en que desde los primeros años de vida nos están tratando de ubicar en uno de los tres grupos marcados por esta sociedad: los vagos, los mediocres y los ñoños, grupos que a su vez demarcarán la existencia de la persona pues una vez dentro de uno es muy difícil salir. Crecemos y alimentamos ese estigma ya que nosotros mismos nos tragamos ese cuento y nos introducimos en uno de estos grupos mientras pasamos por el colegio; llega la universidad y nos damos cuenta que el panorama cambia un poco pues ahora aunque existen los mismos grupos y la integración es mayor, es el profesor el que decide en verdad quien pasa y quien no. Claro está que la falda, el poder económico y la silicona ayudan mucho, pero al convertirse en profesional el panorama cambia definitiva y drásticamente pues el mundo fuera de la universidad se basa en los contactos que uno tenga o que los padres posean, y no en lo que la academia nos ha demarcado y para lo cual nos ha acreditado ‘rigurosamente’ mediante sus calificaciones.

“Tres es nota lo demás es lujo” es lo que dicen algunos, otros viven, respiran, matan y mueren por la nota, muchos utilizan sus atributos corporales para sobreponerse, algunos se comen el cuento de la forma cualitativa de la nota, otros deambulan por ahí seguros de los contactos de papi, demasiados descubren que el ICFES y el ECAES no sirven para absolutamente nada, otros ni siquiera luchan por el 3 ya que después de 2.96 “el computador me pasa” y es aquí donde surge el último interrogante y tal vez el más importante: ¿existe alguna forma de medir el conocimiento?

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