La paz: Una señora que se negocia

La paz: Una señora que se negocia

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Con un mes cargado de tareas gubernamentales, llegan dos polos opuestos a discutir la paz de toda una nación. En esa medida, hace ya unos meses se tomaron decisiones acerca de la metodología que abordarían nuestros mandatarios para dialogar con los 50 años de guerra del país. Son cinco los temas que desde el 15 de octubre se están discutiendo en Oslo Noruega con líderes del Gobierno, voceros y comandantes de las FARC-EP.

El anhelo histórico de paz, de una nación que se cansó de contar muertos, se reactiva de nuevo con estas cinco aristas a tratar: Una política de desarrollo agrario integral con la cual se busca una discusión sobre el acceso y uso de la tierra; mejores garantías a la oposición política y participación ciudadana para que de esta manera quienes dejen las armas tengan garantías en escenarios políticos; un fin eminente del conflicto entendiéndolo como un cese definitivo al fuego; la búsqueda de soluciones al problema del narcotráfico, sustituyendo cultivos ilícitos, previniendo el consumo, producción y comercialización de narcóticos; y finalmente una quinta pero no menos importante arista, la reparación y derecho a la verdad para con las víctimas del conflicto.

El acuerdo y cumplimiento de estas aristas es lo que logrará una de dos cosas, según Juan Manuel Santos: la paz definitiva, o una sensación de que estos meses nunca pasaron. El deseo es que suceda lo primero. Es un anhelo histórico y en esa medida los jóvenes esperamos que los compromisos que tienen el Estado, las FARC, los garantes de Noruega y Oslo y los acompañantes de Chile y Venezuela, no sean única y exclusivamente con una fotografía de ambas partes dándose la mano.

El compromiso que se está asumiendo al otro lado del continente es con los jóvenes, es con todas las generaciones que no han conocido otro panorama diferente al del sonido de un fusil. Es un compromiso y un anhelo de una nación entera. Estamos conscientes que no existe una fórmula para realizar acciones precisas en este presente, pues siempre existirán las sorpresas. A lo que sí debemos atenernos es al hecho de que ya hubo un Caguán y ya fuimos esa nación con una promesa de paz fallida.

Ahora, como jóvenes es importante preguntarnos de qué manera podemos hacer parte de un cambio. A pesar de que no estamos en esa mesa de discusión, y que no existe un recetario para la paz, en estos tiempos, todos sabemos cuándo la comida nos va a quedar salada. En esa medida, es importante accionar y hacernos partícipes de una situación que nos afecta a todos. ¿Cómo? Qué tal si empezamos por un hashtag que nos ponga a todos a conversar. Que nos ponga A TODOS a investigar y qué debemos promover y cómo no repetir la misma historia.

La preparación hasta ahora puede ir con los mejores ingredientes. Y si la idea de nuestro presidente es accionar un reloj de tiempo de meses y no de años, es importante que nosotros como jóvenes estemos atentos y con conocimiento de causa, mientras esperamos la noticia del viajero.

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