La piratería es la reina

La piratería es la reina

En Colombia la piratería es pan de cada día. Solamente es necesario ir al centro de cualquier ciudad colombiana para encontrar lo que uno necesite a la cuarta parte del precio que pagaría si fuera original: libros, CD, DVD, videojuegos y hasta juguetes hacen parte del repertorio que cientos de vendedores ofrecen desde hace años.

Con la discusión del proyecto de ley Lleras en contra de la piratería y por defensa de los derechos de autor en Internet, se ha destapado una caja de Pandora con toda clase de comentarios y posiciones. Hay unos que piensan que eso es una forma de restricción y que el Gobierno no tiene por qué meter la cucharada en eso. Y están los que piensan que esta es una medida justa y necesaria y que el Gobierno se estaba demorando en proteger los derechos de autor en el país.

La justicia está del lado de los derechos de autor, y nadie puede negar la necesidad de protegerlos, de salvaguardar las diferentes industrias que se están viendo gravemente afectadas por nuestro consumo masivo de la piratería. Pero el problema va más a fondo. ¿Por qué preferimos los colombianos comprar pirata a comprar original? ¿Será porque el precio original simplemente no da para el consumo de la mayoría, sino de una selecta minoría?

Sería un mundo más justo y equitativo si todos pudiésemos consumir lo mismo, de la misma calidad, pero nunca ha sido así, y las industrias en este caso están presionando por una solución que en realidad son sólo pañitos de agua tibia ante un problema mucho más grande: si ellos no reconsideran sus precios al mercado, no conseguirán mantenerse en una economía tan débil y tan papayera como la colombiana. Porque aun si pasara este proyecto de ley, se encontraría una manera de competir contra estos precios de una forma no legal.

Cuando el sistema P2P fue de conocimiento masivo, a nivel mundial las industrias musicales, por ejemplo, se tuvieron que plantear una estrategia revolucionaria. O se dejaban ganar por el hecho que todos podían compartir, sin pagar, la música que por derecho era de ellos, o buscaban nuevas formas de venderse y atraer a los diferentes públicos. Al final se ha decidido en muchos países y para muchas empresas, que la Internet no es el enemigo sino una herramienta a la que se deben adaptar y en la que necesitan participar, y les ha presentado también la necesidad de producir mejores contenidos, ya que con la facilidad y libertad que se brinda, el negocio dejó de ser exclusivo de las grandes empresas, y la competencia se convirtió en quién es el más hábil.

La triste realidad es esa: que los colombianos no sabemos o no queremos de otra forma que no sea barato, porque si no fuera por la piratería no tendríamos acceso a muchos bienes. Entonces ese es el reto para todas las industrias y  gobiernos: no censurar ni regular, sino adaptarse al mercado de tal manera que la población en grande tenga acceso a los contenidos y productos.

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