La protesta blanca

Todos se quejan de que todos son corruptos, todos son perezosos, todos mienten, todos son brutos. Todos dicen que todos esto y lo otro. Por eso nadie vota, nadie opina, nadie le gasta corriente a esa pendejada que se llama política ni al circo de las elecciones. Todos parecen una sola voz que nadie cuestiona y tampoco representa. De pronto alguien decide enfrentarse a ese todos que no existe sino en la imaginación de algunos que todo lo generaliza. Y pregunta: ¿por qué no votan en blanco? Y el todos responde que eso no sirve, que ese voto no cuenta, que al final se los suman al que más votos tiene, que igual para qué si no dice nada. Así todos siguen alimentando la leyenda sobre el voto en blanco que lo hace quedar como el rechazado del paseo.

Pese a todo lo anterior, lo cierto es que el voto en blanco está lejos de ser la pérdida de tiempo, tinta y papel que todos creen. La gente no dimensiona la capacidad que un cuadrado sin relleno tiene. El voto en blanco no es la solución a todos los problemas del país ni nada semejante. Simplemente es un mecanismo útil para que todos aquellos que no se sienten identificados con ninguna de las opciones disponibles expresen su desacuerdo o su indecisión. Lo que sí es cierto es que un voto en blanco masivo implicaría varios peligros. Si los que en los días de elecciones se quedan haciendo ‘locha’ esta vez salieran a votar en blanco, armarían una pelotera la tenaz.

Por ejemplo, si ganara el voto en blanco se tendrían que repetir las elecciones con otros candidatos cuando se estuvieran eligiendo alcaldes, gobernadores y hasta Presidente de la República. Eso sería la embarrada para todos los que se gastaron la plata comprando votos, los que repartieron lechona por todo lado y los que hicieron “acuerdos de trato preferencial”. Claro, también se fregarían los que hicieron campaña con las uñas, de la forma más honesta posible y trabajando durísimo. Si en cambio se estuvieran escogiendo concejales, diputados o congresistas, también se repetirían las elecciones pero participarían solamente las listas de los partidos que hubieran superado el umbral, que es el mínimo de votos necesario que debe obtener un partido para ser considerado en la repartición de curules. En este último caso el voto en blanco no haría una gran diferencia en términos políticos, sólo aumentaría el gasto de dinero para organizar todo de nuevo.

En resumidas cuentas el voto en blanco tiene también un lado negro, lo que sin embargo no debe convertirlo en una especie de tabú, ni lo hace insignificante. Que votar en blanco sea o no una buena opción depende entonces de las circunstancias, pero fundamentalmente de las convicciones personales de quien vota. Si uno no se siente representado por ningún candidato para el cargo que sea, realmente es más coherente votar en blanco que votar por el que tenga la cara más bonita o el que cayó al tín marín. Y definitivamente es más responsable que hacerse el loco y no ir a votar.

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