Necesitamos avanzar

Necesitamos avanzar

Durante este año el sentimiento de patria se ha hecho más fuerte por el Bicentenario, una celebración que se hizo popular y que pegó fácilmente entre todos. Fue la excusa para rescatar apartes de nuestra Historia, recordarnos de dónde venimos y evidenciar que tan sólo hace 200 años la gente andaba a caballo, no había aviones y mucho menos celulares e Internet, sin embargo, a pesar que avanzamos tecnológicamente a gran velocidad, a nivel social seguimos en 1810.

Tal vez hace 200 años era comprensible que tuviéramos ciertos problemas de desigualdad social en un contexto americano, por ser un continente relativamente joven comparado con el Europeo y el Asiático, pero lo que muestra la historia es que en América la mayoría de los países han avanzado en temas de organización social y han ido solucionado algunos problemas sociales, mas nosotros los colombianos no. Aún seguimos en guerra.

Todos los países invierten sus recursos buscando progresar, en ser más competitivos, en brindar mejores condiciones de vida para sus ciudadanos. En cambio nosotros seguimos dando un sinfín de vueltas, tratando de solucionar nuestros problemas internos que vienen del pasado y eso nos hace un país profundamente atrasado comparado con los demás.

Somos el único país en América Latina que queda con una revolución inconclusa, que ha ido migrando a un conflicto armado que tiene como principal síntoma una guerrilla organizada militarmente y financiada con el negocio global del narcotráfico. Una revolución que buscó un estado más equitativo e igualitario y que de alguna forma recogió los principios de la revolución francesa: Igualdad, Fraternidad y Libertad, sólo hasta hace poco, los movimientos que luchan por la igualdad de género, raza y condición social vienen a ser más fuertes cuando en otros países la cosa va mucho más adelantada.

Todavía seguimos siendo un pueblo con un gobierno que busca concentrar poder y que ha avanzado muy poco en la separación entre Iglesia y Estado. Se han realizado profundos esfuerzos de cambio como la Constitución de 1991, sin embargo, nuestros dirigentes hacen lo posible para que se parezca más a la de 1886.

Los colombianos nos continuamos comportando como un país sumiso, obediente y radicalmente resistente al cambio. Seguimos siendo gobernados por unas pocas familias que son dueñas de las tierras, empresas y medios de comunicación, medios que han sido protagonistas del cambio y el despertar de los pueblos en algunos países de América Latina, pero en Colombia han sido todo lo contrario. Pensar diferente, buscar alternativas, son vistas como amenazas para los gobiernos, que con bajas inversiones sociales en educación y salud, nos hacen presa fácil para el dominio y la manipulación.

Ojalá que algún día los colombianos podamos festejar una verdadera libertad, que se traduzca en gobiernos para la gente y no para unos pocos, donde reduzcamos la desigualdad, la violencia y la corrupción a través de una verdadera transformación social que nos haga avanzar como nación. Necesitamos una pronta recuperación y solucionar los mismos problemas por los que lucharon nuestros próceres del movimiento libertador que recordamos hoy, época de celebración del Bicentenario

Comments

comments