No hay igualdad

No hay igualdad

Hace mucho que venimos hablando que es justa y necesaria la igualdad de derechos. Por casi 160 años se ha luchado porque los indígenas, afrodescendientes, niños, ancianos y mujeres tengan igualdad de oportunidades, de beneficios y en el trato que reciben. Y constitucionalmente, los cambios se han conseguido, pero en medio de todo el proceso, se ha asegurado también que se diferencien: no se da una igualdad de beneficios, se da un privilegio en ellos.

Ser afrodescendiente o indígena, por ejemplo, garantiza mayores privilegios a la hora de entrar a una universidad pública y espacios especiales dentro del Gobierno. Y sí, muchos dirán que la razón por la que es necesaria la diferenciación y los privilegios es el resultado de las dificultades que existen en el país. Cuando se habla de niños y ancianos todo el mundo afirmaría que los privilegios que tienen son justos: prioridad en salud, transporte y educación son algunos de los beneficios que debemos asegurarnos de proveer para ellos; pero analizándolo desde una perspectiva más amplia y justa, éstos privilegios deberían ser dados para toda la población y no sólo para la vulnerable económicamente como dice la ley en este momento.

Todos los niños colombianos deberían tener acceso a la educación de manera gratuita y todos los ancianos a tratamientos de salud sin tener que pelear para que le den cada medicina que necesita. Al otorgar estos privilegios a una parte exclusiva de la población se está asegurando de continuamente decir: no son iguales. ¿Entonces dónde queda la lucha por la igualdad?

La situación es entonces al revés. Ya no son las consideradas minorías las que se deben sentir discriminadas, sino las personas que por su condición de ricos (e incluso clase media) o de blancos se les niegan ayudas que deberían, por principio, ser para todos.

La constitución de 1991 lo dice: Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos ,libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.

El proceso de equidad debería comenzar por el pensamiento básico que todos somos iguales, que tenemos las mismas oportunidades, capacidades y también, el acceso a los mismos derechos y beneficios. La igualdad sólo pasa a ser una realidad en el momento en que nos olvidemos que somos diferentes, que alguien merece más o menos oportunidades. En que hagamos aplicar las leyes de tal forma que uniformemente todos sean beneficiados y amparados por ellas.

El avance del país debe darse de manera uniforme. Las ayudas y privilegios deben ser algo que todo el país disfrute, a lo que toda persona colombiana tenga acceso, y ésa labor no es del Estado únicamente, es de cada uno de nosotros, ciudadanos, que tenemos que formar el país en el que vivimos.

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