¿Otra vez Navidad?

¿Otra vez Navidad?

Foto: Rachel - EL CLAVO

Hay quienes dicen que dos meses es muy poquito tiempo para justificar el esfuerzo de decorar la casa con motivos navideños. Efectivamente, lo que empezó como una tradición para unir a la familia alrededor de la mamá o la abuela de la casa es tomado tan a pecho por algunos que la vaina se salió de madre: ahora parece un reality donde los participantes deben saber tanto de logística, finanzas y gestión de personal que ha sta harían sonrojar a Donald Trump.

Cuando éramos niños, el papá Noel de felpa en la puerta, el árbol con la extensión de bombillitos que tocaba cambiar cada año y el pesebre que duraban hasta el 6 de enero eran más que suficientes. Claro que daba un poquito de pesar guardar todo en las cajas hasta el siguiente diciembre, pero era justamente el poco tiempo lo que hacía especial a la época de navidad. Sin embargo, ahora uno no puede ir a un supermercado un 30 de octubre porque le cogió la tarde para buscar un disfraz o dulces para la noche de brujas (o sea Halloween); si está de buenas y encuentra algo de color naranja o negro, será por allá sepultado detrás de las estanterías que ya están atiborradas de mercancía en rojo y verde. Si el protagonista de El extraño mundo de Jack de Tim Burton hubiera sido colombiano, habría tenido toda la razón al armarle golpe de estado a papá Noel (ahora mejor conocido como ‘Santa’ ).

Menos mal que las comidas navideñas por ahora sólo se dan dentro del contexto de las novenas que, como sugiere su nombre, duran sólo nueve días. ¿Se imaginan que hubiera buñuelos, natillas o bocadillos veleños desde octubre? Un escenario posible es que los comerciantes estarían dichosos teniéndonos al borde del coma diabético y condenándonos a salir a rumbear con faja para que quepamos en el carro. Sin embargo, el otro escenario posible es que a mediados de noviembre ya estemos tan mamados de comer lo mismo, que lo que era especial se nos convierta en un encarte.

Cuando algo que se supone debía ser divertido se nos vuelve un dolor de cabeza y un motivo de preocupación; tal vez deberíamos detenernos a pensar un poco. Ojalá este año le apostáramos a bajar el acelere y aprovechemos esta época para disfrutar de los que nos rodean en vez de preocuparnos por salir a comprar todo lo que nos quieran vender.

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