Por la defensa de los niños

Por la defensa de los niños

Ilustración: Raquel Muñoz - EL CLAVO

El pasado 25 de mayo, la Corte Constitucional de Colombia rechazó el referendo que pretendía dar cadena perpetua a los abusadores de niños menores de 14 años, basándose en que al documento entregado le faltaban las cuentas de financiación y era diferente a lo firmado por la ciudadanía colombiana.

Los derechos internacionales de los niños pretenden que estos tengan en todo momento seguridad moral y protección contra la crueldad. Pero aún después del mayor caso de violencia infantil contra niños a finales de los noventa a manos de Luis Alfredo Garavito, donde al menos 300 niños fueron violados y asesinados, Colombia carece de una ley de penalización justa.

Tomó diez años para que un organismo del gobierno pensara en modificar la ley y aplicar un castigo apropiado a la violación de un derecho tan básico. Y ahora este mismo organismo se encasilla en un tecnicismo y rechaza la propuesta, postergando la aprobación y subsecuente aplicación de la ley.

Los jóvenes que vivieron en la época de terror donde los niños desaparecían y nadie sabía el porqué, son quizás algunos de los que más apoyen este referendo, pues pensar que ellos mismos pudieron haber sido las víctimas es lo que más motiva a la aprobación de este proyecto. Es estar en los zapatos del otro, haber vivido esa época y saber que aún en las calles hay violadores de niños, de hermanos y primos, de vecinos y conocidos, y también de los que no se conocen los que hacen que ésta sea una ley joven.

Cada vez que en las noticias oímos el titular “niña de 12 años violada por su tío” la mente colectiva piensa: “mucho HP”, la gente piensa además “pobrecita”, ¿Por qué ha tomado tanto tiempo hacer una reforma en la protección a los menores? ¿Por qué ahora es descartada tan a la ligera?

Los derechos de los niños deben primar sobre los demás, la defensa del futuro de nuestro país, la protección de su inocencia debería ser la prioridad de cada colombiano, sin dudas, sin tecnicismos, sin manipulaciones burocráticas para obtener lo que simplemente es justo.

Deben ser los jóvenes quienes se encarguen de que no haya impunidad ni libertad para estas personas. Son los jóvenes los que se han puesto las pilas por crear un futuro más seguro, más justo, donde otros niños no vivan el terror de las 300 víctimas de Garavito, donde éste no salga después de tan sólo 22 años de cárcel. El sentimiento de incredibilidad no debe detener los esfuerzos que se están haciendo para que la reforma a la Constitución y la implantación de esta ley sean una realidad y no simplemente una utopía para las víctimas y sus familias.

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