Que nos traten como niños

Que nos traten como niños

Qué chimba que alguna vez pasara en Colombia lo que José Saramago narra en su novela Ensayo sobre la lucidez: que todo el país votara porque quisiera. En la historia de Saramago, la gente de una ciudad decide un día ir a votar por iniciativa propia y sin ponerse de acuerdo entre sí, y como la mayoría vota en blanco se desata la paranoia entre los políticos tradicionales, quienes comienzan una persecución ridícula contra los ciudadanos temiendo una conspiración revolucionaria. Y sí, en Colombia necesitamos eso, una conspiración ciudadana contra los ladrones, asesinos e ineptos que muchas veces hemos tenido por gobernantes. Pero eso no va a pasar, porque a la gente no le da la gana votar.

Hay quienes argumentan su apatía frente al voto diciendo que la democracia como sistema le permite a los ciudadanos decidir no votar, pero es difícil entender lo siguiente: democracia significa gobierno del pueblo ¿cierto? Entonces ¿cómo rayos se supone que gobierne un pueblo que no vota y deja que unas cuantas conciencias compradas elijan a quienes le van a decir qué hacer? Es absurdo, sería como que Isabel II dijera que gobierna el Reino Unido y se quedara en su palacio viendo televisión, escuchando música y paseando a sus perros sin enterarse de nada de lo que pasa en su país, dejando que su mayordomo tomara todas las decisiones que le correspondieran a ella.

Lo cierto es que los colombianos no sabemos comportarnos como ciudadanos, y en vez de eso parecemos niños, esperando que otros decidan, que hagan algo, que nos digan que hacer, para después armar un berrinche cuando las cosas salgan mal y decir que fue culpa de “ellos”, “los rateros”, “los matones”, “los estúpidos políticos que no saben hacer nada bien”. Va a tocar entonces que nos traten como niños y nos exijan tomarnos la sopa, que nos obliguen a hacer lo más básico que se espera que un adulto haga en una democracia: votar.

De toda Latinoamérica, Colombia es el único país en el cual nunca ha sido obligatorio votar, pero parece que la libertad no nos ha hecho ciudadanos más responsables, sino más indiferentes. Quien dice “no voto porque no creo en los políticos”, “no voto porque todos son mediocres”, “no voto porque igual soy sólo una persona y mi voto no hace diferencia”, tiene una actitud tan razonable como quien dice “no me baño porque mañana voy a volver a sudar”.  Tendremos que hacer una campaña del tipo “¡VOTO OBLIGATORIO YA!” a ver qué pasa. De pronto tiene éxito y a la fuerza nos hacen madurar.

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