Volviendo a lo fundamental

Volviendo a lo fundamental

Las manifestaciones a favor de un cambio en el modelo educativo colombiano que se presentaron en el mes de noviembre de 2011, a través de marchas y finalmente logrando que el Gobierno echara para atrás la reforma a la Ley 30, hace creer que por fin nos vamos a pensar en colectivo, una de las grandes deudas que tiene el Estado con todos los colombianos: el tema de la educación. Hay otros problemas que ojalá tengan su momento como la salud, la famosa reforma agraria y el sistema financiero, para poner unos ejemplos. Y todo, para volver al inicio, a lo fundamental y repensarnos unos modelos que no han cumplido con su fin: garantizar las condiciones para que podamos vivir dignamente.

Y ya que se cogió el impulso, pues habrá que ver hasta dónde somos capaces de llegar después de ganar el primer round de una gran pelea; porque no se trata de polarizar el tema entre buenos y malos, se trata de poder desenredar una pita que para muchos ha sido más fácil de agarrarcon cambios superficiales, que generando un cambio de raíz, a pesar de las heridas a las que se pueda llegar. Inteligentemente el estudiantado colombiano no permitió que se levantara la huelga con los primeros ofrecimientos del Gobierno, porque a pesar de estar en juego el semestre de miles de estudiantes, era el momento para ‘sacar toda la ropa sucia’, ponerla en una mesa y exponerla ante los ojos de todos.

Parece ser que atrás quedó el discurso mamerto, aunque se mantiene el estereotipo, pero el estudiantado colombiano de ahora es más propositivo, más visionario y mucho más inteligente que el que se quedó en la protesta y pocas veces pasó a la mesa de diálogo. Ahí, en los espacios de debate es donde se construyen los cambios y en la calle donde se generan. Por eso fue fundamental llegar al límite con la huelga y en vez de generar daños que distorsionaran las causas fundamentales para las manifestaciones, se llegara a una protesta realmente pacífica, incluso, abrazando a los demás.

Ahora que inicia un nuevo año y después de las fiestas propias de nuestras tradiciones, deberá regresar, más pronto que tarde, el tema a los medios de comunicación nacionales y concertar una agenda de trabajo que finalmente se vea reflejada en un cambio total de un modelo educativo lleno de pequeños cambios, desgastado, amorfo y sin una orientación clara. La reforma a la Ley 30 fue la excusa para no resistir más las decisiones alejadas de la realidad que a veces toman nuestro dirigentes, pero ha sido lo mejor que nos ha podido pasar para despertar de un adormecimiento que se había quedado en la ‘papa bomba’ y la capucha.

Hoy estamos frente a uno de los momentos clave e históricos para Colombia, si así queremos que sea, porque es la primera lucha por uno de nuestros derechos fundamentales y el inicio para un cambio real y de largo plazo en nuestro país logrando una educación de calidad y de fácil acceso para todos. Debemos buscar que todos estemos ahí, que en Colombia por fin la educación pública sea pública, ése es el punto de partida, no lo podemos dejar ir.

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