#COLUMNA: HACER BIEN LAS COSAS

#COLUMNA: HACER BIEN LAS COSAS

HACER BIEN LAS COSAS
 Y darles sentido a nuestras acciones

 

Es frecuente ver en la cotidianidad acciones derivadas de la mediocridad, la pereza y el facilismo. La pared mal pintada, el documento mal escrito, la calle mal pavimentada, y así cualquier cantidad de productos y servicios con problemas de calidad. Y cuando buscamos las razones por las cuales hacemos mal las actividades a nuestro cargo siempre aparece una excusa, una excepción. Entonces el problema es mayor, hemos sido demasiado tolerantes, tanto así que ser ineficientes, impuntuales y hacer las cosas a medias hace parte de nuestra cultura. Necesitamos que las acciones que realizamos tengan sentido y entender las consecuencias de ejecutarlas mal; que no podemos hacer solo nuestro pedacito, sino asimilar que nuestra labor hace parte de una gran obra y que necesitamos que se haga de la mejor manera.

Entonces deberíamos entender que nuestra responsabilidad es grande, que no importa el lugar que ocupemos en una organización, las tareas que desempeñamos son importantísimas y deberíamos tener la misma rigurosidad que la de un médico que está operando a una persona, o la de un técnico que revisa un avión antes de su despegue. Cuando el chofer de bus entienda que su trabajo va más allá de manejar un vehículo si no transportar personas, seres humanos, vidas, pensará más de una vez en pasarse el semáforo en rojo y manejar por encima del límite de velocidad. Porque se dará cuenta de la importancia de su trabajo y su labor tendrá sentido: que esas personas lleguen bien a su lugar de destino.

 

Cuando el chofer de bus entienda que su trabajo va más allá de manejar un vehículo si no transportar personas, seres humanos, vidas, pensará más de una vez en pasarse el semáforo en rojo.

 

Al ver tantas cosas mal hechas, que se pudieron haber hecho bien, nos damos cuenta de lo lejos que estamos como sociedad y como nación de poder ser competitivos o por lo menos de avanzar; porque nos la pasamos arreglando lo que se hizo mal, invirtiendo dinero y tiempo en reprocesos, en corregir los errores que cometimos porque nuestras acciones carecen de sentido. Tenemos una fuga de recursos, desde pequeños no nos enseñan a hacer bien las cosas, a seguir instrucciones y respetar la norma.

Las empresas invierten dinero para mejorar su productividad y ofrecer una mayor calidad en su propuesta de valor. Pero su esfuerzo debe ser cada vez mayor, deben tener más controles, manuales y normas para disminuir el error humano. Necesitamos que hacer las cosas bien y trabajar con calidad sean un hábito y que los resultados no dependan de la supervisión y de un castigo.

Por ahora es una decisión que debemos tomar, es un cambio de actitud, en la que debemos valorar la crítica, la exigencia, ser más estrictos; empezar a ver todas las oportunidades de mejora y no pelear más con las evaluaciones. Al mismo tiempo trabajar en las futuras generaciones, poder influir con nuestro ejemplo y demostrar que la norma se puede cumplir sin excusas; que debemos llegar a tiempo a nuestras citas, mostrar las consecuencias y la gravedad de la ligereza con la que asumimos nuestras responsabilidades, que debemos hacer las cosas bien y procurar salir de la mediocridad en la que vivimos. Este es el gran reto que tenemos en las organizaciones y en la sociedad en general.

 

Autor: César López

 

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