Cali Mágica

Cali Mágica

Foto: Cindy Muñoz

Cali es esa ciudad por descubrir y construir, en la que todo es posible, un sueño. Con la nostalgia de no tener mar, pero si siete ríos que se van marchitando, sus calles alegres y tropicales por el calor quizás, por la añoranza tal vez. La diosa del deseo, la reina de la salsa, esa dama ardiente y caliente ansiosa por vivir, sin tiempo, sin planes, sin fechas, sin nada de esas ideas que agotaban la existencia…

Calenturas entre sus piernas, en sus cabezas, mentes calientes, libres para follarse el viento, la fuente, mil colores, los negros, los agudos sonidos de la madrugada, unos labios cortados, los tambores, lanzándose al vacío.  ¿Eres tú? ¿Soy yo? Un mundo, mil besos, mil fragmentos, muchos cielos, el claro/oscuro de la revolución.

No es un pueblo ni una metrópoli, quizás un semillero de locos que se han caminado de arriba,  abajo o de izquierda a derecha en busca de eso… que ha quedado en algún  imaginario. Se me había dado algún tiempo atrás, mientras  caía y se levantaba, se apagaba y se encendía, era parte del caos del intentar ser y de vuelta corre tras los besos hedónicos de la noche mientras se va, se pierde y vuelve.

La que muchos rechazan por no estar a la altura, por no tener el primer mundo en su frente, por ser algo borrosa en el mapa turístico de la globalización, ella abatida y quebrada estaba allí esperando ser pisada, esperando ser vivida e imaginada.

Un día salí a explorarla y me enamoré de una sonrisa en la calle, de un café fuerte, de las emociones a flor de piel, de correr y explotar en todo el centro entre locos alucinógenos que se mezclaban con los duendes.

Siempre tiene un olor  diferente, a veces a un atardecer violeta y otras a un cálido amarillo, a gotas de río o a hierba mojada, a labios grandes o piernas largas, a la brisa de las cinco, a miércoles de café o jueves de cine club, a letras en las  paredes o cerdos voladores en los puentes, a calles verdes, a vuelos azules, a largas caminatas, al golpe de un tambor o los tacones en alguna fiesta, a jazz, rock, a cine o fotografía…  a todo es posible.

Esa es su magia, ese partir de la nada y no saber si llega o se pretende llegar a un punto exacto, es ese disfrutar el camino sin importar el fin, es ese arrojar unos versos al viento unos colores al río, unos besos a un desconocido, quizás imaginar una ciudad cubierta de girasoles burlándose de lo calculado, sin buscarle una forma, tener la libertad de jugar a ser feliz por si no existe nada más, por si el tiempo realmente es corto.

Cali Mágica un sueño hecho ciudad, las calles agrietadas, la gente de un color diferente, la noche dueña de los niños, el sol cruel que te hecha de la cama.

Escapa de tu casa, vamos a caminar, mientras llega el silencio. Déjame perderme en tu falda, en tu olor a café de las cinco, entre los rayos de sol, mientras suena aquel clarinete al otro lado del muro, sal de ti, sal de mí. Pan barato, detener el tiempo, nunca me olvides, me siento en la silla que da a la ventana, mientras las sendas adquieren vida por sí solas. Vivir, reír por todo, correr, dejar ir el cuerpo.

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