Carril Izquierdo

Carril Izquierdo

Vivir en el carril izquierdo es emocionante y estresante. Lo sé porque vivo ahí.

Se usa para adelantar únicamente. Usted va en el carril derecho, encuentra un obstáculo y para sortearlo cambia de carril, acelera, lo deja atrás y vuelve a la normalidad del carril derecho. Al menos, es lo que se supone. En cualquier día podemos ver al que siempre va en el carril izquierdo, acelerado, queriendo llegar de primero, sintiendo que llega tarde a todas partes.

Vivir en el carril izquierdo es emocionante y estresante. Lo sé porque vivo ahí. No hay un horario definido, no hay un trabajo fijo, no hay absoluta certeza de nada. Lo único que se siente es la necesidad de llegar allá. El problema que tenemos todos los que vivimos en el carril izquierdo es que cuando llegamos allá descubrimos, como Archibaldo, que allá es acá. Y arranca la carrera otra vez.

No me siento culpable si me levanto a las diez de la mañana un martes. Tampoco me siento culpable si de vez en cuando decido no hacer nada durante un día completo. Sé que las 3:00 AM es buena hora para programar y que el bocadillo de las 4:15 AM sabe mejor que un desayuno simplón a las 6:30 AM antes de salir (corriendo también) a un trabajo que nunca terminó por gustarme.

Irresponsable no soy. Si hay una reunión bien temprano, allí estaré bañado y bien presentado. Si hay que entregar un proyecto, el trabajo se planea y se hace. Generalmente, en menos del tiempo requerido. Queda tiempo para probar, mejorar e incluso aprender otra cosa y descansar. La vaina es simple. Vivir en el carril izquierdo no implica ser un vago. Implica que se vive todo el tiempo, que mi trabajo también es mi vida y no la concibo sin él.

Carriles izquierdos hay muchos y diferentes. Cada uno tiene sus riesgos. Desde obsesionarse con apretar demasiado el acelerador y terminar con un poste entre los ojos, hasta olvidar que el carril izquierdo puede ser el carril derecho de algunos y terminar de cabeza en el asiento de pasajero de alguien más después de atravesar dos parabrisas. La
velocidad no es el objetivo, es el medio. Al encontrar un carro en dirección opuesta (o una zorra, un árbol caído, lo que sea) hay que cambiar por un tiempo al carril derecho y esperar. La paciencia es importante. Como dice la ranchera: no hay que llegar primero, sino que hay saber llegar.

El izquierdo es el carril que escogí. Por eso puedo estar escribiendo esto a las 3 de la tarde, sabiendo que de ser necesario aquí estaré dentro de doce horas puliendo algún algoritmo. O durmiendo. O soñando. O paseando. En cualquier caso, avanzando en este viaje, viaje que hay que disfrutar sin importar el carril. Porque al final, todos los carros terminan parqueados y sin pasajeros. O peor.


Nota para ingleses y sus derivados: cambiar izquierdo por derecho.


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