Demo…¿Qué?

Demo…¿Qué?

Colombia, un país con una posición geográfica envidiable, una variedad de climas impresionante, unos paisajes de éxtasis, una diversidad de fauna y flora fascinante… y una multitud de seres humanos que todos los días son testigos de la decadencia de su sistema político, que cada vez más amenaza el bienestar de muchos colombianos y favorece los intereses de unos pocos que se hacen llamar colombianos.

Hablar de democracia en este país parece ser casi imposible, pero intentémoslo… ¿Qué es democracia? Según el diccionario filosófico es una de las formas de poder; se caracteriza por proclamar oficialmente el principio de la subordinación de la minoría a la mayoría, y el reconocimiento de la libertad y la igualdad de derechos de los ciudadanos. Ahora bien, si la mayoría es el pueblo y la minoría es la burguesía, ¿cuál principio de subordinación de la minoría a la mayoría está presente en nuestro sistema democrático? ¿O somos libres e iguales en Colombia, un país manipulado por los monopolios económicos, atormentado por el terrorismo de Estado y gobernado por el modelo autoritario y deshumanizado de Álvaro Uribe Vélez? Se cree que Colombia es un país democrático porque cada cuatro años se abren las urnas para elegir un presidente, y se supone que el elegido se constituye como un servidor público, que como su nombre lo dice, está al servicio del público, y no como pasa en nuestro país, que es el pueblo el que está al servicio de sus gobernantes.

Si verdaderamente Colombia tuviera un sistema democrático, las cosas serían a otro precio. No tendríamos que seguir siendo arrodillados frente a el Banco Mundial, no necesitaríamos de inversión gringa en nuestro territorio (que está acabando si es que ya no acabó con nuestra soberanía y dignidad latinoamericana), seríamos un país realmente libre en donde la igualdad social no sería una utopía, sería una realidad, nos constituiríamos no sólo como una potencia latinoamericana sino que con productos como el café, las flores, el ecoturismo, entre otros, seríamos realmente potencia mundial; nuestros medios de comunicación informarían, no manipularían como lo hacen hoy en día. Si este gobierno estuviera en pro del pueblo, las universidades públicas no se cerrarían, los comedores universitarios perdurarían, los hospitales públicos tendrían abiertas sus puertas para los necesitados, los trabajadores serían respetados no explotados, el presupuesto para las fuerzas represivas del Estado no sería tan grande, entre muchos otros aspectos que podrían ser diferentes si la “mano dura” fuera para la corrupción y no para el pueblo, y si el “corazón grande” fuera para el pueblo y no para unos cuántos. Si fuéramos un Estado democrático, habría una conciencia ética en cada colombiano que le impediría hacerle daño a uno de sus semejantes, pero claramente podemos ver que en este país se vive una lucha de todos contra todos, –como lo manifiesta Hobbes– impulsado por el deseo de dominación de unos sobre otros. Cada quien quiere velar por sus propios intereses, y si ve que éstos están en peligro, los defiende como sea, sin importar el daño que pueda causar a la sociedad. Como lo diría el inolvidable, pero olvidado Jaime Garzón, “no vivimos en sociedad, sino en zoociedad” pues esto parece un gran zoológico, lleno de animales “racionales”, que usan su “racionalidad” para matarse unos a otros.

Nuestro país realmente no es un Estado democrático; pero seamos democráticos con nosotros mismos, tomemos decisiones en pro de nuestra existencia, seamos libres a pesar de este sistema deshumanizado que pretende extinguirnos como sujetos históricamente sociales. La democracia no es algo que se construye desde la pluralidad, es algo que se construye desde la individualidad.

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