MUERTE ENTRE CUATRO PAREDES

MUERTE ENTRE CUATRO PAREDES

Llega el final de la tarde y Paula Andrea, joven aprendiz en una firma de abogados del centro de Bogotá, quiere irse pronto a su casa. Apenas termina sus labores, a eso de las 5:37, se da un par de retoques frente a un espejito de mano. Pero cuando está lista, Manuel (que no le agrada ni cinco) viene despidiéndose, ella rezonga y deja que Manuel se adelante para no encontrárselo en el ascensor. Sola en la oficina, abre el chat para matar el tiempo y le devuelve el HOLA a alguien que se hace llamar TU ENAMORADO. Piensa no demorarse más de cinco minutos.

casicielo

Ilustración: Nathaly Mancera - ELCLAVO

Pero resulta que TU ENAMORADO es nada menos que Marranito diciéndole que ha estado acordándose de ella montones y que muere por verla. Paula Andrea al principio no quiere creerle pero después se va convenciendo, sin notarlo se le pasa el tiempo, y si alguien pudiera verla, se la encontraría con tremenda expresión ridícula ahí sonriendo frente a la pantalla y acariciándose delicadamente un mechón de pelo rubio.

Pasan las horas, y ahora tiene puestos los audífonos y escucha a todo volumen una lacrimosa canción de Ricardo Arjona. Está francamente emocionada con las palabras de marranito, y Arjona ayuda de veras, se la va llevando con sus versos a un arrobamiento que no la deja oír el rugido de los bulldózer que acaban de encenderse y la maquinaria abajo en la calle.

Y cuando está a punto de darle el sí a marranito, el computador se apaga súbitamente y las bombillas y el telefax. “Puta madre, se volvió a ir la luz en este edificio de mierda”, piensa.

El primer sacudón hace remecer las paredes y vidrios de la vieja oficina, y Paula Andrea alcanza apenas a agarrarse de los bordes del escritorio. Tiembla el piso bajo sus pies y, como puede, corre a la ventana para ver, incrédula, el enorme brazo de la máquina de demolición que en un parpadeo vuelve a arremeter contra el edificio, seis pisos debajo de ella. “¡Paren! –grita desesperada– ¡hay personas dentro!”. Pero el ruido de los bulldózer y las máquinas impide que los operarios puedan escucharla, de modo que corre buscando la puerta de salida y, entonces, ahora también una detonación la aturde violentamente. Las lágrimas ruedan por la cara de Paula Andrea horrorizada y se mezclan en su piel con el polvo de ladrillo que le cae encima con la tercera embestida. Las grietas se van expandiendo en las paredes-galleta, grietas cada vez más profundas, trozos de techo cada vez más grandes que caen sobre Paula Andrea y que destrozan los escritorios, los computadores, las porcelanas.

El periódico El Tiempo del 13-12-08 publica: “Inexplicable suceso en el centro: demolido, por error, edificio de oficinas”.

“Por fortuna –dice el final de la nota de prensa– no había personas en el interior de la edificación toda vez que el incidente se produjo a altas horas de la noche”.

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