Por aquí huele cada vez más a podrido

Por aquí huele cada vez más a podrido

“No griten. Denme todo lo que tienen” dijo el tipo. Parece que estuviera escuchando todavía esa horripilante voz al lado mío. Nos mostró un cuchillo, uno extraño y curvo, sabrá Dios, él y su madre,  todas las cosas que habrá cortado ese feo, sucio y versátil cuchillo. El arma cumplió su labor: le di toda la plata que tenía en mi billetera y mi celular.

Cuento_Podrido_(img)Jairo Cobo

Foto: Jairo Cobo - EL CLAVO

Cada vez que me pasa esto siento lo mismo: Entra en mi una melancolía y unas tremendas ganas de salir corriendo de este país. ¿Cómo es que no tenemos un lugar seguro donde vivir? ¿Cómo es que no podemos disfrutar de la noche sin correr riesgo? ¿Cómo es que no me dejan aprovechar cada centímetro cúbico del espacio público y pueden poner una estación de policía en cada esquina y ubicar un soldado cada dos metros? Pero eso no es cuestión de fuerza pública. Y los medios de comunicación nos pueden saturar diciendo que ‘Colombia es pasión’, pero eso no quiere decir que vamos mejorando, seguimos bañándonos en sangre y comiendo excremento.

La primera vez que me atracaron fue un cuarentón en una moto y un joven a pie aprovechándose de mi mala racha y de mis días tristes, de mis pasos lentos y de mis ganas de nada. El joven me haló con toda su fuerza la mochila que llevaba puesta en mi hombro izquierdo hasta romperla, se montó en la moto que lo esperaba a unos metros y se fueron “como alma que lleva el diablo”, quedé totalmente paralizada. La gente después ayuda, aquí en Barranquilla todavía se cuenta eso, pero, ¿De qué vale que haya gente que colabora después de los atracos, si es mejor que no existieran éstas cosas? A lo mejor el que te ayuda es el cómplice del que te roba. Al fin y cabo no es la sangre, es la herida.  Me pregunto: ¿Será que ese joven llegó con mucha comida a casa esa noche? ¿Será que se metió la traba más grande de sus últimos días? ¿Será que vendió mi celular y con eso le pagará el colegio a su hija? ¿Será que lo hace por necesidad o por placer?

He escuchado muchas veces decir a muchas personas que la gente que pide limosna y la que atraca utilizan el dinero para alimentar sus vicios, siempre he pensado  que no es así, pero ya no sé,  qué creer, en este país ya no se sabe en qué creer, el ambiente huele cada vez más a podrido, y no me refiero a las canaletas de agua de los barrios estrato cero, sino a las almas miserables de algunos que creen que sólo la plata es lo que vale, y no corren por sus venas sentimientos nobles de ponerse en los pies del otro, y digo ‘pies’ porque no todos tenemos zapatos.

Puede ser que ahora se acentúen mis sentimientos de inseguridad y miedo, que mi delirio de persecución aumente, que no salga de mi casa si no es acompañada, pero seguirán y seguirán atracando a personas en la calle, seguirán naciendo niños con futuros inciertos preestablecidos, seguirán corriendo por las venas de algunos sentimientos egoístas, seguirán los semáforos dando “empleo”, porque parece ser que todo esto es cuestión de llenar el estómago, de educación y de trabajo, y eso es lo que menos abunda por estos días.

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