Me mamé de la Carta a García

Hace poco me pegué un susto el berraco cuando escuché a un profesor hablarle a sus estudiantes de “La Carta a García”, que yo creía ya superada por décadas de teorías modernas de gestión de personal.

La tal Carta es un ensayo escrito por Elbert Hubbard en 1899 con el que cualquier fan de Paulo Coelho se sentiría cómodo: El presidente de los Estados Unidos llama a Rowan para que le entregue una carta a Calixto García, que debía estar en alguna parte en medio de las peligrosísimas selvas cubanas. Rowan no pregunta quién es García, dónde está, cuál ruta es menos peligrosa, etc. El tipo simplemente coge la carta y se va. Hasta aquí 100% inofensiva historia de autosuperación para mandar en Powerpoint a las tías.

El problema es que una historia pensada para motivar a la gente a tener iniciativa, de tanto ser enseñada en cursos de gerencia, se convirtió en un llamado a la mediocridad y la pereza: los directivos no aspiraban a ser Rowan, sino que querían ser el presidente de Estados Unidos y que sus subalternos fueran Rowan. Por eso no me sorprende que tantos dirigentes salgan ahora con que cualquier embarrada en su gestión fue algo que un subalterno hizo a sus espaldas, ya sea las chuzadas del DAS, los falsos positivos, las armas venezolanas en manos de ‘la FAR’ o la plata de esta guerrilla en la campaña presidencial de Ecuador.

Sí, ser líder significa saber escoger a su gente, como el Presidente hizo con Rowan. Pero también implica asegurarse de qué están haciendo los subalternos sin desentenderse de los medios usados para alcanzar el fin propuesto. Eso es lo que deberían estar enseñando en las universidades, no una fábula malinterpretada de hace 110 años.

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