¿Diarrea o falta de cultura?

¿Diarrea o falta de cultura?

Parecen presos, no sé si es que en la casa los criaron así o es que son unos desadaptados ”, dice doña Ester, una de esas mujeres que tantos baños han limpiado en su vida y que ese día andaba de grosería en boca por culpa de una de las sorpresitas que le suelen dejar en los baños, y por el olorcito, que ni yo, tragando grueso, puede soportar.

Foto: César López - El Clavo

Ya para cuando se calmó, doña Ester y el olor, pude preguntarle con más calma. “Vea, ni pa’ qué le digo lo que uno se encuentra si usted ya lo vio. Eso pasa siempre, uno dice, estos son estudiantes de universidad, educados, respetuosos, y vea, vea lo que toca. Y uno, claro ya tiene experiencia en esto, pero uno nunca se acostumbra. No hay nada peor que llegar a trabajar y encontrar los baños sucios, con papel por todo lado, charcos en el piso, embarrado y…, bueno, eso. ¿A eso quién se acostumbra? Nadie ”.

Leía yo en uno de tantos textos académicos que me he encontrado en la vida, que los actos de la sociedad reflejan su naturaleza, y siendo así somos una sociedad de porquería. Yo entiendo que uno vaya de afán a veces y no suelte el baño o que este lloviendo y deje marcadas las pisadas, pero no entiendo cómo hay personas que sean capaces de dejar el baño como escenario de guerra nuclear, bañado de una masa muy colora y muy olora.

El problema de la suciedad de los baños siempre ha existido, desde chiquito le cogí fastidio a “hacer del cuerpo” por fuera de mi casa. Es que es asqueroso entrar a un baño que huele a amoniaco, tener que esquivar ciertas minas antipersona y concentrarse para hacer sus necesidades, todo esto mientras aguanta la respiración. Uno termina morado, y aun así cuando sale le queda en la boca el sabor amargo del recuerdo.

Esto es un cuento de nunca acabar, como decía doña Ester, uno piensa que la cúspide académica de la juventud, que los jóvenes letrados de nuestra ciudad serían personas decentes y ciudadanos de bien, pero qué se puede pensar después de ver tremendos escenarios. Me fui universidad por universidad, y no se salvó ninguna, ni la publica, ni la de los estratos altos. Claro, a las 7 de la mañana los baños aparecen impecables después de que cantidad de gente se esfuerza en hacerlo, pero entrar en algunos de esos baños después de mediodía es puro acto de fe, de vejiga rota, o de amor al reportaje, mi caso.

Esto va a seguir así por mucho tiempo, porque lo que tenemos aquí es un problema ni el verraco de cultura, y eso no sale ni con Clorox. El único día que podremos mantener limpios los baños es el día en que los papacitos y las mamacitas de los que los ensucian les toque agacharse y maldecir los frijoles con garra.

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