¿A la U en bicicleta? ¡De una!

¿A la U en bicicleta? ¡De una!

alaU_bicicletaEl precio de ser alternativo

“Lo que menos necesitan las ciudades son más carros, autopistas y parqueaderos”. “La gente debería montar más en bicicleta”. Con bellezas de este corte pasaba por un tipo ecológico y con consciencia social. Claro, es fácil hablar cuando se trata de proponer que otros hagan lo que yo no estoy dispuesto a hacer.

Mi época feliz de “puro tilín-tilín y nada de paletas” llegó hasta que se me ocurrió que la alternatividad tiene que ver con ser consistente entre lo que se predica y lo que se practica. Ese lluvioso día decidí sacar mi bicicleta para demostrarme a mí mismo que después de todo, algo tan saludable y tan positivo para el medio ambiente debía darse de manera fluida y espontánea.
Pero la alternatividad cuesta. Una cosa es salir un domingo con poco tráfico a montar en bicicleta por recreación o por deporte y otra muy distinta es usarla como medio de transporte entre semana. Cuando empecé a usarla para ir y venir de la U a diario fue que empecé a sentirme el protagonista de una gesta de proporciones épicas, a fantasear con convertirme en ejemplo para los demás, un pro-hombre al estilo de Mockus en la Nacional.
Empecé a dudar con el ‘madrazo’ que quise gritarle al primer taxista que me cerró llegando a un semáforo y, más adelante, por la costumbre generalizada de los taxistas de adelantar por donde no caben, que casi me mandan al suelo más de una vez. Mi fantasía acabó de esfumarse cuando unos albañiles me rebasaron fácilmente en sus bicicletas de niño, macizas y sin cambios, a pesar de que uno de ellos cargaba a un segundo albañil y el tercero iba llevando lo que parecía medio bulto de cemento. Semejante estado físico sólo lo da el uso constante de ese tipo de vehículo, y comprendí que lo que yo trataba de hacer por convicción, ellos debían hacerlo por falta de opciones de transporte al alcance de sus bolsillos.
Después de varios días de ir a trabajar en bicicleta aprendí que para los conductores en general, un solo ciclista inspira tanto respeto como un mosquito en contravía. Sin embargo, varios ciclistas juntos tienen más probabilidades de salir airosos por atreverse a usar lo que muchos conductores consideran “su” vía, además de pasar menos desapercibidos que los ciclistas solitarios. Encontré en esta práctica cotidiana un buen ejemplo para la sociedad, pues parafraseando a Manfred Max Nief, la respuesta de la sociedad civil a los abusos del poder parece estar en comportarse como un enjambre de mosquitos, donde podrán matar a algunos, pero difícilmente podrán acabarlos a todos. Aprendí que parte del ser alternativo consiste en no actuar solo, sino en buscar personas con afinidades y trabajar en conjunto.
A fin de cuentas, valió la pena montar en bicicleta porque me enseñó un par de cosas sobre la vida en sociedad. Y pienso seguir aprendiendo. Entonces, ¿cuándo empezamos a ir a la U en bicicleta?

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