A pelar el cobre

¿Se han preguntado por qué nos damos en la jeta en los estadios? ¿O por qué hay más heridos y muertos por tropeles el día de la madre? Yo le apuesto a que manejamos una agresividad instintiva sin liberar que, ni Mockus y millones de mimos serían capaces de poner en cintura.

Todo empezó con los primeros homo sapiens que debían cazar mamuts para sobrevivir, con un cerebro optimizado para darle en la nuca al que se atravesara. El problema es que cambiamos el paisaje más rápido de lo que cambió nuestro cerebro, y ahora vivimos amontonados en ciudades sin praderas (ni mamuts) pero conservamos las mismas habilidades de hampón de nuestros ancestros. Y definitivamente el estrés de ser acechado por una impulsadora de supermercado no igualan el alarido de un depredador de ocho toneladas, ni la señora que coja a carterazos al viejo verde que la rastrilló en el MIO sentirá la misma adrenalina que produce salir de cacería.

Entonces tenemos dos opciones: aprendemos meditación zen como los Vulcanos de Star Trek para reprimir la agresividad o aceptamos nuestro lado gamín. Yo opté por la segunda: salgo hasta altas horas de la noche a hacer cosas como robar, conspirar, o incluso perseguir hasta la muerte a mis enemigos. El hecho de que mis secuaces sean muñequitos de plástico y que el dinero robado sean fichas de cartón en un juego de mesa, no hace menos real toda la adrenalina que produce enfrentar una horda invasora armado solamente con un dado y tres tropas de infantería.
Entonces, cuando quiera agarrar a alguien a trompadas, piense que, tal vez necesite pelar el cobre, sacar el gamín, despertar el lado oscuro, pero en un contexto donde desfogar nuestro instinto animal sea un comportamiento socialmente aceptable. ¿Alguien dijo Risk o Imperial?

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