A propósito del día de la madre

A propósito del día de la madre

En primer lugar, me gustaría reconocer mi gran admiración hacia esos seres que decidieron ser madres. Lo digo, porque me he puesto a pensar en todas sus implicaciones y realmente he llegado a la conclusión de que las madres son valientes, bastante valientes.

26 El esqueleto se compone principalmente de cartucho flexible. Una red de vasos sanguíneos es visible a través de la piel fina.

Supongo que es muy difícil tomar la decisión de engendrar y procrear sabiendo de antemano que el cuerpo propio sufrirá bastantes cambios: los niveles de progesterona se elevarán tanto que el cuerpo sentirá fatiga, el útero se extenderá hasta tal punto (por el niñito que lleva dentro) que los demás órganos se van a aplastar, lo que ocasionará una potencial incontinencia urinaria. Hay que sumarle a eso la falta de apetito, las nauseas, la pérdida de calcio y fósforo que se da en el cuerpo, lo que con los años la hará más propensa a padecer osteoporosis. Y ni hablar de los cambios de ánimo, ocasionados también por las hormonas.

Además de lo anterior, tener un hijo (al menos en este país) debe implicarles pensar en todo lo que cuesta. El tetero, los pañales, las medicinas (por si se enferma) la ropa, los juguetes y cuando crezca, se sumarán los gastos del colegio, los paseos, los regalos de cumpleaños, navidad, idas a cine, a comer helado, el transporte, los viajes, y bueno… todo lo que se vaya presentando. Digamos que asimismo, han pensado en los costos de la universidad, las salidas de campo, los materiales de trabajo.

Por otro lado, asumo que las mamás antes de decidir serlo, pensaron en que tener un hijo en este país (un país de conflicto armado) implica potenciales peligros para su querido bebé. En 2011 se presentaron 229 casos de secuestro, lo que indica que de una u otra manera existe la probabilidad de que eso le pase, igualmente, existe delincuencia común, sicariato, narcotráfico, violencia doméstica (por no mencionar más) y si se trata de una niña ni hablar… En Colombia cada año 35.000 mujeres son maltratadas por sus parejas (en el fortuito caso de que la madre no sea la víctima) cuando su hijita crezca se verá potencialmente violentada; o verbal, o física, o sexualmente.

Digamos que eso es todo (por ser optimistas), no entraré en detalles con respecto al deterioro de la relación de pareja que se puede generar, ni al desgaste físico y emocional ocasionado por la crianza de otro ser, ni a las incontables horas que la madre sufrirá cuando su hijo esté enfermo, o sea rebelde, o no llegue a dormir a la casa. En fin, respeto, admiro y valoro mucho la labor que hacen todas las madres, pues a pesar de las implicaciones ya mencionadas (y de otras que surgen eventual y particularmente, que no se dijeron) decidieron engendrar, parir y criar; probablemente sacrificar su vida académica, o laboral, o sexual, qué se yo… ¡Su vida misma!

Teniendo en cuenta lo anterior, a propósito del día de las madres, quiero confesar que aunque la labor es bastante gratificante (para muchas de ellas), pensar en el sacrificio, el dolor, las estrías  y la relación costo-beneficio que implica la maternidad,  me hace querer mantenerme al margen, reservarme el derecho de serlo y más bien ver cómo sorteo la vida en un contexto como éste, eso sí, sin involucrar a alguien más que potencialmente puede resultar bastante perjudicado.

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