Abajo las papas-bomba

Abajo las papas-bomba

Foto por: David Algar

El “tira-piedra” es un personaje clásico de la universidad pública. En la mente de muchos colombianos con seguridad se encuentran imágenes de estudiantes de la Universidad Nacional, Univalle, Unicauca o la que sea, enfrentándose a la policía antimotines a punta de piedras, “papas-bomba” y otras armas hechizas. Aunque para muchos éstas parezcan formas de protesta y resistencia válidas, rechazamos totalmente este tipo de acciones, pues no vemos cómo la violencia puede ser una herramienta legítima para transformar la opinión pública cuando se intenta construir una democracia.

¿A quién beneficia la quema de un bus en una protesta estudiantil? Aparte de crearle un problema a quien lo conducía y a los pasajeros que viajaban en él, no genera mayores cambios en la opinión de los ciudadanos, ya estén a favor o en contra de la medida contra la cual se protesta. En cambio, los actos violentos sirven de excusa para generar represión y provocan la intervención de la fuerza pública, con algunos desenlaces desafortunados como la muerte de estudiantes, involucrados o no en la manifestación.

Las razones para que existan este tipo de protestas son múltiples. A veces quienes tiran piedra lo hacen sólo por la emoción que les produce, sin tener realmente un trasfondo ideológico que soporte sus actos. También se habla de la infiltración de la guerrilla en las universidades, y de la influencia de grupos anarquistas que promueven estas manifestaciones. Lo cierto es que quienes están a cargo de “armar el bonche” son una minoría en comparación con el total de estudiantes de cada universidad, por lo que no es posible afirmar que exista un consenso estudiantil a favor de estas prácticas.

Muy distinta es una protesta pacífica en donde marchan miles de estudiantes expresando su descontento frente a una decisión del Gobierno: ésta sí tiene un impacto verdadero en la opinión pública. No sólo tiene mayor apoyo dentro de la comunidad estudiantil, sino que los argumentos no quedan en un segundo plano, opacados por las explosiones de las bombas Molotov. Y lo más importante, no le dan excusas al Gobierno para sobrepasarse en el uso de la fuerza y pisotear los derechos de los jóvenes como ciudadanos.

La protesta violenta y el vandalismo que se relaciona con ella son propios de un pueblo estúpido y sin sentido de la democracia, que se quedó sin ideas. Quienes promueven tirar piedra y quemar buses como método de transformación del pensamiento están repitiendo un disco que no sólo está rayado sino obsoleto. La universidad debe ser un espacio de debate, donde se critiquen fuertemente las cosas que no están bien, las políticas opresoras y las medidas gubernamentales incorrectas, pero teniendo siempre presente que es con argumentos y no con armas como debe hacerse oír la voz de los estudiantes.

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