¿ALCAído caerle?

¿ALCAído caerle?

alcaido_caerleAl hablar de los aspectos que conforman el tema de negociación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) frente al sector productivo agropecuario se puede asegurar que existen oportunidades interesantes para Colombia. El problema radica principalmente en las asimetrías en el nivel de desarrollo y tamaño del país respecto a los demás potenciales integrantes del tratado, en especial Estados Unidos.
De ahí que el consenso general sea que la exposición indiscriminada y total del aparato productivo de un país no conduce automáticamente a un mayor desarrollo, sino que garantiza la desaparición de importantes sectores en pleno crecimiento o aún ya establecidos, y conduce a un desempleo alto y crónico. Se hace indispensable conducir una negociación muy cuidadosa, basada en estudios serios, amplios y perfectamente sustentados, con los que se pueda establecer cuáles serán los verdaderos costos de los acuerdos que se pretenden firmar y cuáles sus verdaderos beneficios.
Uno de los principales aspectos que debe tenerse en cuenta es la política agropecuaria interna, que debe estar bien definida. El gobierno actual ha afirmado que ésta es de suma importancia, ya que el debilitamiento de la agricultura lícita ha estimulado la expansión de cultivos ilícitos, que terminan financiando y fortaleciendo a los grupos al margen de la ley. Sabemos cómo el conflicto interno ha afectado la dinamización y reactivación de la economía, por lo que cualquier estrategia económica y de paz debe incorporar al campo como elemento fundamental. De ahí que la seguridad y la recuperación sostenida del campo son indispensables para impulsar el crecimiento económico. Una vez se tiene claro el por qué es importante una política agropecuaria para el país, se debe proceder a negociar de manera coherente a nivel de comercio exterior.
Para las exportaciones colombianas de productos agrícolas (tema incluido en la política agropecuaria del actual gobierno), el ALCA presenta varios desafíos enormes ante los cuales es importantísimo definir una posición conjunta y clara de todo el sector agropecuario. Aún cuando los negociadores estadounidenses hayan aceptado que hay una gran disparidad en grados de desarrollo y capacidad económica entre los 34 países miembros del ALCA, habrá que actuar con suma prudencia e inteligencia para no sacrificar la producción agropecuaria colombiana.
Los siguientes son los temas dónde debe radicar principalmente la negociación:
* ¿Cómo negociar sin presiones de tipo político, cuando los EE.UU. han insistido en que no están dispuestos a renunciar a su política de subsidios millonarios a la agricultura y a exportar en muchos casos a precios de dumping? Cifras como los subsidios otorgados por países como EE.UU. alcanzan los US$20.000 anualmente por agricultor. En conjunto en ese país de subsidios a los productores y precios alcanzaron el año pasado la cifra de US$95.259 millones.
* ¿Cómo afrontar las cuotas establecidas por las naciones industrializadas y los requisitos fitosanitarios, que se han convertido paulatinamente en barreras no arancelarias? En este punto es importante citar cómo la “reconversión”, idealizada por algunos estudios académicos, en la práctica es de muy lejana y difícil aplicación. Esto debido a que muchos de los productos que se aconseja cultivar como mango, pitaya, o mora, así tengan cero por ciento de gravamen aduanero, no logran penetrar mercados extranjeros por barreras sanitarias y no arancelarias. Con las piñas pequeñas, con las uchuvas y otros productos se han tenido innumerables casos que implicaron quiebra para muchos agricultores.
Ante estos puntos, es importante recordar cómo una década de comercio exterior mal manejado ha abierto un boquete enorme en la balanza comercial y ha hecho peligrar la economía colombiana. Ante el grave riesgo actual, es preciso que el equipo negociador del Gobierno para el ALCA sea fortalecido con dependencias adicionales al Ministerio de Comercio, cuyo único interés para muchos analistas parece ser firmar tratados a la carrera, que a la postre se traducen en un grave daño tanto sobre la balanza comercial como sobre el empleo y el bienestar de la población.
Deben tener igual peso en ese equipo los representantes del Ministerio de Agricultura y del Ministerio de Protección Social, quienes sí entienden que la primera responsabilidad del gobierno es defender los derechos inalienables de los colombianos y, con seguridad, buscarán defender a los consumidores, a los trabajadores y a los productores que pueden ser lesionados en esas negociaciones. Todo traducido y resumido en lo que citó hace poco el Presidente Uribe: “El desarrollo agropecuario es esencial para la seguridad alimentaria y el empleo”.
No debe olvidarse que ante la actual posición no definida sobre el tema agropecuario de los países potenciales del ALCA, hay que tratar de buscar una posición conjunta que busque ampliar los mercados regionales, como el de la Comunidad Andina, haciendo sacrificios en muchas ocasiones, pero sin entregar el campo y todo lo que él conlleva. De esta manera, los bloques de países con economías y modelos de desarrollo similares permitirían que éstos puedan negociar con otros países o bloques más avanzados.
A manera de conclusión cito lo que debería ser el planteamiento de negociación bajo la premisa de desarrollo que pregona el ALCA: la integración de los países latinoamericanos basada en la industrialización y no en el comercio es el único camino seguro para que las economías crezcan y aumenten el empleo y el ingreso de sus habitantes.
Es importante que EE.UU. reconozca el carácter sensible de nuestra agricultura, permitiéndonos en consecuencia mantener las bandas de precio o aranceles variables para compensar las ayudas internas y los subsidios a la exportación de su país. Así mismo, se debe mantener una protección arancelaria adecuada, un selectivo sistema de licencias de importación y los convenios de absorción vigentes para productos como el arroz, el maíz, la soya, el fríjol y las carnes de aves, únicos mecanismos de apoyo y protección a la agricultura que quedan después la apertura de los años noventa. Colombia debe ser reconocido como un país altamente competitivo en varios productos, con una cuota que se calcule sobre la base de capacidad de producción exportable.
BIBLIOGRAFÍA
* ARANGO LONDOÑO, Gilberto. Ex ministro. Profesor universitario. Editorial: “No entreguemos el campo”.
* RODADO NORIEGA, Carlos. Ex ministro de Minas y Energía. Editorial: “La política agropecuaria”.
* SARDI, Emilio. Vice presidente ejecutivo Termoquímicas. Editorial:¿El Alca es fútbol?
* MEJÍA LÓPEZ, Rafael. Presidente de la SAC. “Una elección fácil”
* ESPINOSA FENWARTH, Andrés. Consultor Internacional. Editorial: “Hello Mr. Zoellick”.
* SARMIENTO, Eduardo. Memorias Foro: ALCA y TLC, el espejismo del libre comercio. Bogotá, junio 13 y 14 de 2003.

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