Amores Clavados

Amores Clavados

amores clavados

De un tiempo para acá me saqué un clavo oxidado, de esos que terminan contagiando una infección casi mortal. Fue tan intenso que aún sigo quitándome el óxido de la piel. Por eso enfrento este tema que hace rato evito por respeto.

Me lo saqué porque estuvo clavado tres años o más dibujando un sentimiento que evadió porque ‘no está listo para una relación’, pero igual terminó por enredarse con otra, aunque espera que ‘crucemos nuestros caminos nuevamente’ porque ‘anytime, anywhere’. En conclusión, lo que se ofrece de este lado de la cordillera no es suficiente. Pretende querer cuando está a punto de perder lo que no tiene, gracias al síndrome del juguete abandonado. Insiste en no querer nada pero da más esperanzas que el gobierno con el proceso de paz. Es caprichoso, exótico, geek, crespo, rocker, noble, sociable y hasta buen poeta. Aunque no miente, omite verdades  —y eso amiguitos, es traición—. Hasta este punto, es incapaz de enfrentar lo que siente, o sólo conmigo. Pero no le resta cariño.

Sin embargo, pasé meses llorando porque siempre fui la segunda. Porque lo que entregué no es merecedor de un primer lugar en su vida por más que afirmara lo contrario. Lloré porque soporté desplantes en aeropuertos, cafés, restaurantes y museos mientras me cambiaban versiones a través de redes sociales, me colgaban teléfono y se escondían por miedo a enfrentar el sentimiento que ya era de otra. Lloré porque la sangre no la podía derramar por aflicción. —Aunque ridículo, necesario—. Porque los recuerdos son amargos aun cuando se hayan construido con amor y chocolates. Se perdió el encanto porque me quito la razón, me arrebató la soledad pero me dejó naufragando en medio de una desdicha hedonista. Lloré porque pasamos de ser Faithfully a Separate Ways mientras se convertía en mi guayabo eterno capitalino.

Podíamos olvidarnos de lo que fuimos con el otro pero ahí seguíamos, ensimismados con tanta pendejada porque evitamos alejarnos pese a la aparente necesidad de seguir en la vida del otro. Algo comúnmente tóxico y desgastante por la cual, decidí sacar ese clavo.

Me saqué el clavo porque la inocencia y el cariño de alguien no es motivo de burla. Porque la ilusión no se debe apostar porque le dio guayabo no poder volver con la ex y decidió regresar aquí, años después, para evitar la soledad de ese martirio rubio de ojos azules. Me saco el clavo que nos dimos hasta hace meses, por las amanecidas inconclusas, de las cervezas que dejamos calentar por besarnos y las despedidas incómodas porque con trago era en la boca y sobrio, en la frente. Me saco el clavo porque me duele que no haya sido capaz de dejarme ir cuando no me quería y ahora le molesta soltarme la rienda, incluso cuando ya me la quité. Me saco el clavo porque ni los hombres ni las mujeres son capaces de dejar ir porque amarrarse y amarrar, es más rico que buscar algo nuevo. Porque lo seguro es apostar a un ahorro programado que no llega a nada.

Me saco el clavo porque la cuestión es no terminar como él: borracho y con minutos, llamando a la equivocada.

 

Escrito por Lady Johana Ospina  @LadyOspinaV

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