Aún vivo con mis papás ¿Y qué?

Aún vivo con mis papás ¿Y qué?

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Hoy en día vivimos en un mundo en el que todos se aceleran a tomar decisiones trascendentales para su vida, tales  como el matrimonio y los hijos a temprana edad, absteniéndose de quemar varias etapas y de terminar de conocerse a sí mismo.

 

A la corta edad de 24 años (Lo sé, aún soy un bebé) escucho constantes críticas sobre el porqué aún vivo con mis padres y cuándo consideraré independizarme, pues bien ¿para qué arreglar algo que no está dañado? Con mis padres tengo la tranquilidad de encontrar un plato de comida caliente cuando llego a casa, tengo con quien hablar cuando quiero discutir algún problema, no tengo hora de llegada y poseo mis propias llaves, es decir, tengo los beneficios de vivir solo pero sin ninguna de las responsabilidades adjuntas y debo decir que eso es maravillosamente liberador. 

 

Esto no quiere decir que no aporte en mi casa y sea un mantenido, eso es muy diferente, sólo quiere decir que me encuentro en esa edad en la que estoy descubriendo quién soy y en la que debo empezar a construir mi capital para el futuro. Con esto no critico a quienes se adelantaron a tomar decisiones trascendentales en la vida, de hecho los aplaudo, sin embargo la mayoría lo hicieron por situaciones específicas que los forzaban a abandonar el nido antes de tiempo, excesivo control paternal, embarazos no planeados, “amor” (Urgencia sexual disfrazada, no creo que se pueda amar realmente antes de los 30) entre otras. 

 

No planeo casarme ni tener hijos pronto, no tengo que irme a otra ciudad a trabajar y más importante aún, no tengo el capital económico para mantener un hogar ni cumplir con las obligaciones que esto implica (Hacer mi almuerzo, limpiar la casa, lavar la ropa…). 

 

No me avergüenza decir que aún necesito a mis padres y que los aprovecharé hasta que me sienta en capacidad de establecerme en solitario, no quiero ser uno de esos jóvenes que se aventuran a dejar el nido únicamente para regresar después de ver el mundo que les espera afuera. 

 

Prefiero dejar el nido como adulto bien formado, no como un pichón inexperto que se encontrará regresando intermitentemente a la casa de sus padres cada vez que la mujer lo deje o que se quede sin trabajo, prefiero demorarme en irme pero no volver. Y sí, lo de pichón tiene doble sentido.

 

Ahora bien si después de los 30 sigo en la casa ya les estaré escribiendo una columna justificando la demora. 

Escrito por Jhon Alexander Reyes  @alexreyes73

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