Bailemos con todos: Es hora de la reconciliación

Bailemos con todos: Es hora de la reconciliación

felipe guevara

En el país de los indignados coincidí a la hora del almuerzo con un personaje de esos que habla con tono duro, como de discurso electoral en plena plaza pública. Este personaje sostenía en su voz una fuerza ascendente mientras expresaba su indignación por el hecho de que una persona desmovilizada de las FARC participara en un programa concurso que se emite por la televisión abierta en Colombia.

El hecho fue descrito por el bulloso ‘opinador’ como inaceptable preguntando de manera retórica si entonces ahora había que aguantarse que esos ex-matones anduvieran por ahí contoneándose como si nada. ¿Es increíble que esto esté pasando? Sin duda sorprendente sí es. ¿Indignante? Más nos vale irnos acostumbrando a que no lo sea.

La firma de “la paz” es un hecho aunque eso poco tenga que ver con que en nuestro país haya paz. Y siendo esto una realidad es necesario que todos nos preparemos, casi que física y mentalmente, para algunos nuevos escenarios que será común vivir, tal como prender el televisor y encontrarse con un ex guerrillero bailando en un reality show mientras es presentado como estrella.

Este tipo de cosas podrán extrañarnos y digamos que hasta indignarnos hoy, pero el país que nos estamos soñando requiere de un largo proceso de perdón, y requiere que dejemos de mirar con asco a los que no cumplen el casting de nuestro círculo social. Con el tiempo y gracias a chocarnos de frente con estas situaciones deberíamos ir madurando como sociedad, ¿por qué? Porque el mundo sólo nos está llevando a encontrarnos con diferencias más exponenciales y algún día tendremos que haber comprobado, y luego entendido, que cuando se sigue un objetivo con propósito, de a poquito y acompañado todo es más fácil. No sé muy bien cómo será coincidir a la hora del almuerzo con un desmovilizado, pero sé que si estamos apostando por la paz hay que encontrar la forma de hacerlo sin mucho alboroto.

No conozco con certeza ni de primera mano las razones para que la producción de este reality haya decidido incluir en su baraja de concursantes a una poco rítmica ex guerrillera, pero sí me las puedo imaginar; unas se me ocurren muy por el lado macabro de mi forma de pensar y otras por el lado Capitán Planeta de mi personalidad.

Si me dejo llevar por mi yo maquiavélico pensaría inmediatamente en el fin puro de generar morbo en una audiencia que hoy en día poco se sorprende y a la que hay que darle cada vez más a como de lugar, especialmente piel y sangre; pero la verdad es que mi pensamiento inmediato cuando me enteré de la participación de la desmovilizada en el programa fue bastante esperanzador. Me sorprendí claramente, pero asenté con la cabeza de arriba a abajo durante unos 30 segundos mientras con mirada pérdida miraba al televisor y pensaba en que eso era exactamente lo que este público necesitaba: un mensaje.

Bajo el poder del entretenimiento, enmarcado en un show, en horario estelar y hasta con la bendición de un ex secuestrado se le mostraría al país que al otro lado del túnel, donde ya lo oscuro pasó, hay oportunidad para la reconciliación.

Puede que me esté haciendo el pajazo mental más absurdo de mi propia historia y que lo único que vaya a ver venir es mi jeta contra el pavimento, pero confío tanto en nuestras mentes blanditas hambrientas de espectáculo, que me emociono y me ilusiono con la idea de que enviar ese mensaje haya sido un objetivo predeterminado y nos estén ocultamente programando para hacer el bien.

Los tiempos que están por venir no son fáciles; se está condensando un caldo de crisis social en la que nos van a apretar con impuestos, se recortarán los subsidios para el arte, la cultura, la ciencia. Habrá un cierto resentimiento de lado a lado del pueblo, entre “ex matones e indignados”, y sólo lo superaremos cuando entendamos que esto no fue culpa de unos y problema de otros; acá todos tenemos las manos sucias.

 

 

Autor: Felipe Guevara
Twitter: @felipe_guevara
Felipe Guevara

 

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