Carta al Presidente

Carta al Presidente

Señor Presidente: le escribo para decirle que los millones de colombianos que conformamos el monolítico 85% que respalda su gestión, no vamos a caer en la trampa de creer en las patrañas que les inventan los enemigos de la Patria a usted y a sus principales colaboradores. No nos importa, por ejemplo, que usted haya jugado bolas con los Ochoa en su infancia, ni que haya compartido luego con ellos una bohemia sana, una juventud de caballos, aguardiente y poesía por los caminos de Antioquia, ni lo que diga la gorda Yidis, ni que José Obdulio sea primo del finado Pablo Escobar, ni que su primo Mario, su hermano Santiago, el ex jefe del DAS, el hermano de su Ministro de Gobierno y buena parte de su bancada estén enredados en la parapolítica. Nadie es culpable de los torcidos de los primos ni de los extravíos de los amigos de la infancia ni de los traumas de las gordas. En su sabiduría, los tribunales ya fallaron: en este país las responsabilidades son individuales, incluso cuando los escándalos salpican a toda una colectividad.

Los que lo acusan de ser el pionero del paramilitarismo ignoran la historia del país. Colombia es “paraca” desde mucho antes de su advenimiento, Presidente. Su apoyo en el 95 a las Convivir de Antioquia, departamento que tenía 69 de las cuatrocientas cooperativas de seguridad del país, no fue sino su manera de interpretar el clamor del pueblo.
Ahora quieren achacarle la culpa de que los parapolíticos controlen por lo menos diez departamentos del país, pero callan, cobardes, la otra cara de la moneda: Pradera y Florida no están en las garras de las Farc gracias a su aguante, al temple con que aguantó la presión de Colombia y del mundo para que se los entregara a los bárbaros (que ambos municipios sean zona roja, es otro asunto).

Ilustración: Raquel Muñoz - EL CLAVO

Los que le enrostran la inseguridad en el campo se olvidan de que los índices de criminalidad en las ciudades están por debajo de las cifras de Afganistán, Iraq, Birmania, Uganda y Mozambique. Sí, la seguridad democrática presenta fisuras en el campo y en la ciudad pero el resto del territorio nacional es cien por ciento seguro.

Le reprochan, Presidente, que les haya corrido el butaco a dos directores del Dane, dos larvas que se negaron tercamente a cambiar la metodología de las mediciones del desempleo, pero callan que el Dane ha sido siempre una guarida de terroristas; como las Cortes, como Human Rigths Watch, como los demócratas estadounidenses, como el Parlamento Europeo, como las ONG, como Latinoamérica toda; o como la Corte Penal Internacional, el tribunal que anda exigiendo que les apretemos las clavijas a los jefes paramilitares, esos sujetos que, digan lo que digan, no han hecho sino darnos la mano en nuestra lucha contra el terrorismo y colaborar con la logística de las elecciones.

Le reprochan su apoyo a Jorge Noguera, ese muchacho acusado injustamente de poner el DAS a las órdenes de los “paras”. (Gracias al Cielo, y a ciertos vicios de forma en el proceso, el muchacho anda temporalmente suelto).

Le enrostran que haya dejado pasar la bonanza mundial sin paliar siquiera los graves problemas sociales del país. Pero callan que si la situación del mundo cambió repentinamente no fue por su culpa sino porque a los millones de emergentes de China, India y Brasil les dio, de repente, por comer como endemoniados. ¿Quién podía prever semejante escenario?

No sabe lo feliz que fui cuando usted, Santiago, Mario y “Tasmania” denunciaron que Iván Velásquez, el magistrado que coordina las investigaciones de la parapolítica, estaba armando un complot contra el Presidente. ¡Qué falla que “Tasmania” se haya retractado luego! Por fortuna el Fiscal lo sacó a usted en limpio, y le explicó al mundo que el Presidente había sido víctima de los embustes de “Tasmania”.

¡Ya no se puede confiar ni en los “paras”, carajo!

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