Change. The new power

Change. The new power

Ilustración: Diana Delgado - EL CLAVO

Mucho se ha dicho sobre la crisis económica mundial. Incontables son los economistas que salen a dar sus múltiples explicaciones, pero lo que resume la situación tiene un solo nombre: el derroche.

Hace unas semanas, cuando los ejecutivos de la Chrysler y la General Motors viajaron al congreso norteamericano a pedir plata para sacar de la quiebra a sus empresas, llegaron demostrando los niveles de austeridad: cada uno llegó en su jet privado.

¿Pero qué se le puede reprochar a estos altos ejecutivos?, nada. Su gobierno hace lo mismo. Sí, la gran superpotencia, la del sueño americano, la defensora de la democracia en el mundo, gasta un promedio de 20 mil millones de dólares a la semana en su guerra por la democracia en Irak. Guerra que evidentemente ha sido un fracaso militar y político, ya que para nadie es un secreto que este derroche de vidas (200 mil iraquíes y más de 12.000 soldados norteamericanos) en vez de solucionar conflictos, ha creado una mayor radicalización de la zona. Claro, esto es un gran negocio para las corporaciones productoras de armas en los Estados Unidos, las cuales poco parecen afectadas por la crisis actual. A mayor crisis, mayores conflictos, a mayores conflictos, mayor necesidad de armas, a mayor necesidad de armas, mayores utilidades.

Unos días antes de suicidarse, mientras Berlín era bombardeada por la Unión Soviética, un  teniente alemán le dijo a Hitler que la prioridad era evacuar a los niños, los ancianos y a las mujeres alemanas para evitar una masacre de los enemigos. Hitler, en medio de su delirio y su prepotencia, dijo al soldado que la prioridad era seguir combatiendo hasta la muerte, y que los ciudadanos deberían aguantar porque ése era el costo del camino que habían elegido. Como por arte del eterno retorno, pareciera ése ser el precio que ahora pagan los estadounidenses por haber apoyado el modelo del que será recordado por la historia como el peor presidente de los Estados Unidos.

Desde la llegada de Bush, se evidenció la verdadera cara de la política neoliberal (los anteriores presidentes eran más morrongos): mayores beneficios para las corporaciones (privatización de la salud, por ejemplo); menores beneficios para la clase media (ni hablar de la clase pobre); explotación laboral; política expansionista (Afganistán, Irak); aumento desmedido del crédito, que hoy se evidencia en la escases; aumento de la corrupción organizacional; violación a los derechos humanos (torturas); disminución del gasto social y aumento del gasto militar; abuso de los recursos naturales; y disminución de las libertades individuales.

Pero lo que hay que aclarar es que Bush no es el único culpable, Bush es simplemente un instrumento más de un modelo que se ha venido cocinando desde hace décadas. Y es que desde hace varios periodos presidenciales, ha quedado claro que el poder del presidente depende de un poder mayor: las grandes corporaciones norteamericanas. Es tanto su poder, que 50 de estas organizaciones poseen el 60% del capital mundial, y 10 de ellas controlan en más del 80% el negocio del petróleo y el gas, las computadoras, los medios de comunicación, el acero, las armas, la electrónica y los laboratorios farmacéuticos.

Así que aunque muchos se alegran por la llegada de Barak Obama, y otros se rasgan las vestiduras diciendo que los negros nos van a invadir, la verdad es otra. Si bien Obama puede generar cambios sustanciales en la filosofía de la superpotencia, el cambio será mínimo. El derroche de cheques de millones de dólares seguirá primando, el poder de las supercorporaciones seguirá creciendo, y para maximizar ganancias se seguirán inventando guerras, se le seguirá dando la espalda al tema ambiental y a la crisis humanitaria que viven algunas regiones del planeta. Ojalá me equivoque.

Comments

comments