Cinco cosas que no debes hacer cuando estés secuestrado.

Cinco cosas que no debes hacer cuando estés secuestrado.

secuestrado

Un terrorista me empuja y me pega con la culata de su arma en la espalda.  Caigo al piso.  Me dice que me levante, que debo sentarme a escribir.

Levanto la cabeza y veo un escritorio viejo con la madera pelada, una lámpara pequeña lo alumbra.  Encima se encuentra un portátil encendido, con un documento del procesador de textos, a la espera de que alguien teclee unas palabras.  Lo examino con la mirada, a diferencia del escritorio parece ser de última generación.

Cierro los ojos, me quedo quieto y no respondo nada, pasan unos segundos, nadie habla.  De repente me dan una patada en las costillas.  Mis captores ríen “Hombre no le estamos pidiendo mucho, sólo que escriba un artículo, ¿acaso no se denomina escritor?”  nuevamente ríen.  “Háganos caso, la verdad no queremos hacerle daño, pero si no colabora…”

 

– “Ramírez, ¿Ya está escribiendo? cambio.”

– “Señor lo estamos ablandando” cambio.”

– “¿No van a ser capaces de ponerlo a escribir?”

 

Me dan otra patada.  Tendido en el piso, escucho como le quitan el seguro a un arma, disparan contra una pared para asustarme.  El miedo me vence.  Me siento en una silla amarilla que está frente al escritorio.

 

– “¿Qué quieren que escriba?”

– “Nosotros qué vamos a saber, usted es el escritor”

– “Estoy muy nervioso para ponerme a escribir”

 

Siento el cañón de un arma sobre la nuca.  “Escriba o lo llenamos de plomo”.   Entrelazo las manos, las levanto y llevo hacia atrás mientras arqueo la espalda.

 

– “¿Qué quieren que escriba?, tal vez si me dan una idea podría terminar el texto más rápido”

– “Algo que enganche por supuesto, queremos que nuestros lectores piensen lo menos posible, que lo que lean los cautive rápidamente.  El escrito tiene que recibir muchos clics, mínimo mil, de eso depende su vida”

 

Trato de despejar mi mente y comienzo a escribir sin un norte definido, dejando que lo dedos tecleen lo primero que me llega a la mente:

“Porque a la larga a eso se reduce la vida, una disyunción que patrasea todos los esquemas formales.  Desde el punto de vista religioso cada creencia es a la vez un modo de pensar, el secreto de la teología es la antropología.

 

No sé porqué me habían quedado grabadas varias frases de un ensayo de Feuerbach.  Tecleé esas palabras para darme algo de tiempo.

 

– “Ramírez, ¿si ha escrito algo o no?”

– “Sí señor, ya lleva un rato tecleando”

– “Léame algo de lo que ha escrito”

– “Porque a la larga a eso se reduce la vida, una disyunción…”

– “¿pero qué mierdas es eso? Dígale que le queda una hora para escribir algo bueno.”

 

Luego de eso, el escritor finalmente se rindió, tituló, la columna que salvaría su vida, como:

“5 cosas que no debes hacer cuando estés secuestrado”

 

Autor: Juan Manuel Rodríguez
Twitter: @Vieleicht
juan manuel rodríguez

 

 

 

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