Cine para el olvido

Cine para el olvido

Juan Lorza

Eran las 8 de la noche del 21 de noviembre de 1915, se acababa de proyectar El Drama del 15 de Octubre , película sobre el asesinato del General Uribe Uribe, político liberar asesinado en medio de presiones e intereses oscuros. La película fue censurada, pero con ella se dejó un precedente sobre el interés del cine en Colombia por acercarse a los temas políticos y sociales, interés que renació con fuerza en los 70 y luego con Focine en los 80. Aunque en este recorrido audiovisual parece haberse dado de todo, y más hoy cuando mayor es la presencia del cine producido en Colombia, son pocas las producciones que no han caído en la mera anécdota y una mirada simplista donde los buenos y los malos son el alimento moral para hablar de una realidad.

Tema como el del conflicto armado, tan variado en sus matices y en sus dinámicas, todavía no ha sido explorado sin alejarse del cliché y la caricatura. Sus dos más grandes representantes son prueba de ello, sin negar que son entretenidas y éxitos de taquilla: Golpe de Estadio y Soñar no Cuesta Nada. Mírese por ejemplo a los personajes de Soñar no Cuesta Nada: militares con una visión infantilesca del mundo.

En temas como la violencia social y el bajo mundo se rescata la cuestionada mirada de Víctor Gaviria, en donde priman los símbolos sociales de los temas que toca realizando estas películas densas y poco comerciales, que tanto molestan a la alta sociedad de Medellín y a muchos intelectuales. Cabe decir que los casos más desafortunados son Rosario Tijeras, oportunidad fallida de mostrar lo que plasmó Franco en su novela; y Satanás, realización que tampoco pudo plasmar el mundo de sensaciones de la novela de Mendoza, al omitir ciertos elementos del libro donde se explora la dualidad entre el bien y el mal. Ejemplo de esto es la facilidad con que el sacerdote asume el dilema de su relación amorosa, y ni hablar de la facilidad con que golpea al mendigo. Diría yo que estas dos películas son para el olvido.

Pero no todo ha sido desaciertos. La mirada sobre la urbe tiene su mayor expresión en La Estrategia del Caracol , que si bien sigue siendo fruto de la anécdota y no deja de caer en el moralismo rampante, logra hacer un homenaje a esa lucha constante del ciudadano común enfrentado a la inclemencia del capitalismo mediante un grupo de personajes excepcionales (el alma de la película), iniciando con el paisa culebrero y alcohólico que nos cuenta la historia. Debe ser por eso que La Estrategia del Caracol es inolvidable.

Dentro de esa temática, La Sombra del Caminante merece los elogios. Esta película habla del desplazamiento, habla de la muerte violenta, del desempleo y el rebusque, del pasado oscuro, de la amistad y la soledad. La obra de Ciro Guerra es una de las mejores de los últimos tiempos, y su valor reside en que se atreve a aceptar que la realidad es ambigua y compleja.

En cuanto a películas que hablen de nuestra historia, son de rescatar María Cano, Tiempo de Morir, La Historia del Baúl Rosado, Carne de tu Carne, Cóndores no Entierran Todos los Días. Y aunque todas son películas arriesgadas, sólo rescato una como obra maestra de nuestra cinematografía: Confesión a Laura. La obra de Jaime Osorio es una mirada novedosa sobre el Bogotazo, en donde somos testigos de la idiosincrasia y las relaciones sociales de una época, gracias a esa tarde de amor irresistible entre un hombre y una mujer en un apartamento en el centro de Bogotá.

Las miradas siguen surgiendo, las propuestas siguen variando, pero mientras sólo veamos el mundo en blanco y negro, mientras no podamos salir del radicalismo intelectual y comercial, seguiremos dejando un cine para el olvido, propuestas donde pareciera que el mundo estuviera regido por una ecuación de 2 + 2 = 4: miradas simplistas de un mundo cada vez más complejo.

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