Colombia ¡Quítate la máscara!

Colombia ¡Quítate la máscara!

doble moral

Cuando la moral es selectiva

En Colombia tenemos tanta, pero tanta moral que conseguimos tener dos. A esa conclusión hemos llegado con tristeza al comprobar que cada día en nuestro país la opinión, la ética y la indignación, vienen condicionadas por nuestra conveniencia. Somos el pueblo que tira la piedra y esconde la mano.

Nos irrita saber que cada vez que salimos al extranjero nos tratan como delincuentes así no lo seamos, pero nos encanta que Tom Cruise, la súper estrella hollywoodense, venga a nuestra tierra a hacer una película que mal habla mucho de ella, lucrándose de un pasado que queremos superar de una vez por todas. ¿Indignación selectiva?

Hacemos marchas en contra del aborto, exigiendo respetar la vida de los niños, porque los niños son lo más importante de todo, pero no nos condolemos cuando los vemos limpiando parabrisas en los semáforos o cuando los vemos morir de hambre en La Guajira o el Chocó.

Nos quejamos de la violencia que vemos en televisión, de las narco-series que alaban la vida de los capos de la mafia, pero cuando alguien se aventura a hacer un programa educativo o con buen contenido, nadie lo ve.

Nos sorprendemos de los altos índices de embarazos en adolescentes y exigimos control en ese tema, pero cuando vamos a hablar de educación sexual tapamos todo, porque el sexo, según alguien, “es inmoral, sucio y pecaminoso”.

Decimos que la corrupción nos está acabando pero no lo pensamos dos veces si tenemos que pagarle a algún servidor público para que nos “ayude con el trámite” o nos “borre del sistema” si tenemos deudas o pendientes con el Estado.

Nos burlamos de Venezuela y nos aterra cómo la están pasando de mal sus habitantes, al punto de que repudiamos a su Gobierno, sin saber a fondo cómo es la realidad de las cosas y lo que es peor: ignorando que aquí estamos igual o peor que ellos.

Marchamos por la paz, por la protección del medioambiente y por los animales maltratados; marchamos porque sí y porque no, pero nada de lo que arengamos en las calles lo aplicamos en la vida real. No somos pacíficos, no sabemos reciclar y nos encanta la tauromaquia.

Argumentamos que estamos en una época de tolerancia y de respeto, diciendo que “aceptamos las diferencias”, pero si vemos a una pareja homosexual manifestándose afecto en la calle, de inmediato la tildamos de inmoral y vulgar.

Y así la lista de la doble, triple y cuádruple moral colombiana podría seguir, pero en verdad nos da pereza seguir hablando de eso y no queremos parecer negativos. Aún tenemos fe, a pesar de todo, de que existe todavía gente que en verdad predica y aplica.

Desde El Clavo nos gusta decir las cosas como son, duélale a quien le de duela, porque consideramos que la realidad no la podemos tapar con un dedo. Sí, pasan cosas malas todo el tiempo, y sabemos que cada vez nuestra sociedad está yéndose a parajes más oscuros, pero es necesario e imperativo analizar todo con detenimiento y luego actuar con determinación. Sólo trabajando podremos salir adelante, porque nada sacamos con quejarnos.

Es hora de que nuestra indignación pase a ser acción y que nos levantemos para denunciar lo que está mal, pero también es momento de que reconozcamos que todo lo que nos pasa es culpa de nosotros mismos, bien sea por ignorantes, por hacernos los de la vista gorda o porque nos dejamos comprar fácil. Hoy, más que nunca, necesitamos una sola moral.

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