#Columna: 30 segundos

#Columna: 30 segundos

 

tiempo

Nuestro desespero e im­paciencia porque el tiempo “no alcanza para nada” hace que en muchas ocasiones las decisiones que to­mamos para ganarle al reloj no tienen resulta­dos que ameriten correr riesgos, incomodar a la gente ni tomar atajos. Todo el tiempo invertimos en ganar unos minutos más y ganarle al ‘día a día’. A toda hora salen aplicaciones y alternativas que nos permitan hacer más en menos tiempo. De eso se trata, ganar tiempo, comprar tiem­po, estirar el tiempo.

Es una impaciencia que se contagia, una sensación ten­sionante que hace que en el chat nos dé pereza escribir “Fin de semana”, “pues”, “re­unión”, “saludos”, etc. Porque si ahorramos un caracter en lo que escribimos “vamos ga­nando”. Y si nuestros dedos son muy lentos, entonces está el mensa­je de voz, porque puedo caminar o manejar mientras mando un mensaje que me ahorra unos 30 segundos.

 

"No disfrutamos, no paramos y el poco tiempo ganado a punta de 30 segundos lo in­vertimos en más trabajo, en vez de nosotros mismos."

 

Tal vez lo mismo sucede en una fila, don­de la gente se le pega a la siguiente persona como si así la atendieran más rápido y po­der ganar unos segundos al no tener que dar unos cuantos pasos. Igual en la fila para pa­gar en el supermercado, no esperan que uno pague cuando ya tiene la persona de atrás en la cola poniendo sus cosas en la caja para ganar unos segundos. Aunque el tema de las filas si raya con la pendejada, porque inclusi­ve en un vuelo de avión con silla numerada en el tiquete, la gente se lanza y se arruma en vez de hacer fila, como si el vuelo los fuera a dejar y como si alguien se fuera a sentar en su silla.

Pero en ocasiones los 30 segundos del se­máforo, pueden ser la diferencia entre es­tar vivo o muerto, o accidentarse y perder más tiempo, o ganarse una multa por unos segundos, o simplemente pasar y creerse “avispado”. Unos segundos, nada comparado con no tener que devolverse porque por an­dar a las carreras olvidamos algo y tengamos que regresar. A propósito, hay una frase muy conocida de Napoleón Bonaparte: “Vístame despacio que estoy apurado”.

Las lógicas actuales de trabajo bajo pre­sión, hacer varias cosas al mismo tiempo, de productividad y eficiencia, nos involucran en acciones que ca­recen de sentido y lógica, ha­ciéndonos esclavos de lo que no tiene reversa ni forma de dominar como es el tiempo. No disfrutamos, no paramos y el poco tiempo ganado a punta de 30 segundos lo in­vertimos en más trabajo, en vez de nosotros mismos. Buscamos calidad de vida, pero no somos co­herentes. Sabemos que la enfermedad de moda se llama estrés, una problemática ge­neral que se puede solucionar si tratamos de vivir el hoy el ahora, el presente y disfrutar cada momento.

Esto no es nada nuevo, además porque hace parte de la cotidianidad, por eso pa­recemos estar sobre diagnosticados, lo más duro es actuar, no hacer tanto, dejar para mañana y salir de la ‘carrera de las ratas’ de la que habla Kiyosaki, carrera que nos va a terminar matando segundo a segundo.

Autor:

César López

@cesarlopez_

cesarlopezart

 

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