#Columna: ¿Adaptarse o morir?

#Columna: ¿Adaptarse o morir?

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Tanto se ha dicho en Co­lombia que tal o cual suceso partió en dos la historia de la nación, que por cuenta de tantas di­visiones sobre un antes y un después tenemos un país hecho trizas. En términos de medios de comunicación no ha sido diferente.

Sin duda alguna el advenimiento tecno­lógico fracturó la historia de nuestra televi­sión, renovó el diseño de nuestros periódicos y remozó una radio bien reputada. Todo cayó en la red. Pero a pesar de tantas y tan va­riadas plataformas en las que solemos con­fundir progreso y desarrollo, las empresas mediáticas siguen fieles a su propósito de mantener el orden prestablecido y hegemó­nico, el statu quo y el negocio, dejando por fuera otras voces y realidades.

Son la verdad muy pocos los ejercicios mediáticos novedosos —en el ámbito perio­dístico— que se desprenden del aparataje avasallador y más bien lo que tenemos es más de lo mismo, pero en otras plataformas. Subir periódicos y programas de radio y tele­visión a la red, es como aprender inglés para irse a vivir a Miami, dijo Juanita León. Un desperdicio, pues allá todos hablan español.

 

"Sin duda alguna el advenimiento tecno­lógico fracturó la historia de nuestra televi­sión, renovó el diseño de nuestros periódicos y remozó una radio bien reputada."

 

Bajo el sofisma de que todo debe migrar a la red y de que lo que no esté allí no existe, hemos comenzado a vivir más en la virtua­lidad que en la realidad y a darle más impor­tancia a la flecha que al indio, más al aparato que al ser humano. Más a La Red que a una alocución presidencial, más a TVyNove­las que a Semana, con todo y que a veces lo considerado serio en nuestro país, es más cómi­co e intrascendente que lo abiertamente frívolo.

De lo que sí debemos dar cuenta es de otros ejerci­cios y espacios como el ci­nematográfico, el publicitario, el musical y hasta el literario, donde de la mano de la tecnología han llegado nuevas posibilidades narrativas y de interacción con los públicos. ChocQuib­Town se saltó Cali y Bogotá para conquistar el mundo latino gracias a la tecnología, pero sobre todo gracias a su compromiso cultural. Hicieron su música y sus vídeos y le dijeron al mundo Somos Pacífico. Se saltaron disqueras y canales, así hoy estén metidos con ellos hasta el cuello.

Hace 20 años en Colombia la realidad bur­laba a la literatura. El Proceso 8.000 hacía palidecer ‘El proceso’ de Kafka. A diferencia de Josep K. que es arrestado sin saber por qué y se defiende no sabe de qué, Samper se defendía y el país se hundía. Hoy la televi­sión registra más de 8.000 escándalos que mueren con cada emisión.

Al ajedrecista le daban jaque-mate. Gil­berto y Miguel Rodríguez Orejuela, tras las rejas hace dos décadas. Y el narcotráfi­co sin acabarse. Y los cultivos ilícitos itinerantes. Y el consumo local subiendo como espuma. Y el microtráfico rampante. ¿Y los medios?

Y detrás de las profusas movilizaciones de los cam­pesinos cocaleros en 1995, las Farc. Y luego, detrás de la ganadería en la altillanu­ra, las Farc. Y hoy, detrás de las vigilias campesinas, las Farc. ¿Y los medios?

Hace 20 años Carlos Vives pensaba un país posible en ‘La tierra del olvido’, un bóli­do del folclor. Y hoy los medios convirtieron en éxito una cancioncita de medio pelo junto Shakira: La Bicicleta.

Mariana Pajón tenía cinco años y llevaba dos montando bicicleta y varias contusiones. Colombia era sede del Mundial de Bicicross e iba en triciclo en tecnología, pues en el mundo entraba al mercado el Sistema Ope­rativo Windows 95, junto con el navegador web Internet Explorer.

La cuestión no es adaptarse o morir, sino reinventarse y vivir.

Autor: 

Lizandro Penagos

 Lizandro Penagos

 Comunicador Social y Periodista, Magíster en Literatura Colombiana y Latinoamericana de la Universidad del Valle. Actualmente es Docente en el Departamento de Ciencias de la Comunicación y Jefe del Área de Periodismo de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Occidente.

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