#Columna: Exceso de realidad

Una amiga me cuenta en detalle la noticia de una mujer que afirma hablar, desde que tenía 6 años, con los animales; don que desarrolló plenamente al cumplir los 20.  Ella, mi interlocutora, tiene un perro y le intriga saber qué piensa su mascota sobre el trato que recibe de su parte.

Le pongo atención mientras mi cerebro despierta al escéptico que llevo dentro: “¡Puro cuento!  Esa mujer, la intérprete de animales, es una embaucadora que se está lucrando a causa de unos cuantos incautos que se creen semejantes estupideces o, simplemente, está deschavetada”.  Al mismo tiempo mi yo relajado se involucra en el diálogo mental, sin ánimo de armar camorra con el otro, y deja una pregunta en el aire: “¿Qué tal que si pueda hacerlo?”

A veces es mejor mirar cualquier asunto desde esa posición donde todo es posible. Imprimirle cierta flexibilidad a nuestro inquebrantable punto de vista, y dejar un resquicio por el que asuntos que parecen fantasía, se puedan colar en nuestras vidas pues los necesitamos para hacerle frente a la realidad y sus excesos.

Compadezco un poco a la mujer pues dado que su habilidad sea cierta, es una fortuna que no esté loca con todos los animales contándole cosas. No me imagino, por ejemplo, qué tienen por decir las palomas que, por la forma en que caminan y mueven la cabeza de un lado a otro violentamente, parecen llenas de angustia.

Converso con mi madre y se me ocurre mencionarle el tema: “¿Leíste la noticia de la mujer que asegura poder hablar con los animales?” Le pregunto, creyendo, en ese instante, que la mujer lo puede hacer.  “¡Que va!, eso es mentira” atropella mi postura, al tiempo que acompaña su respuesta frunciendo los labios, y toda su cara refleja un gesto de incredulidad.  Ataco de nuevo: “Pero, ¿qué tal que sea verdad?”, pero mi madre, mujer sabia, sostiene su posición: “Eso es pura paja”.

De niños, cuando nos leían un cuento, no teníamos problema alguno con que los animales hablaran, e incluir personajes de animales en las narraciones ha sido una tradición literaria presente desde la antigua Grecia con las fábulas de Esopo.  Para no ir tan atrás en el tiempo, la la novela Firmin, de Sam Savage, trata sobre una rata que vive en una librería y devora libros en todo el sentido de la palabra.

¿Es verdad o mentiras lo de la “traductora de animales”? imposible saberlo. Cada uno es libre de tomar la postura que quiera, pero a veces es bueno escapar de la realidad, si algún evento cotidiano le trae un poco de ficción y/o fantasía  a nuestras vidas.

Autor

Juan Manuel Rodríguez Bocanegra

@Vieleicht

 

 

 

 

 

 

 

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