Conectando ideas: La cotidianidad del escritor

Conectando ideas: La cotidianidad del escritor

conectando ideas

Es viernes, día en el que siempre envío mis textos para revisión. Aunque hace rato lo hago, aún no comprendo del todo cómo funciona el asunto de la escritura, ¿quién sí?  Muchos escritores afirman que lo importante es lanzarse al ruedo, sin importar si no se tiene la más mínima idea de qué escribir, que en parte, es mi caso justo en este momento.

A veces cuando la inspiración está de mi lado, me llega una idea a la cabeza y lo visualizo todo, lead, cuerpo y cierre del texto, tan claramente, que lo escribo como si mi musa me lo estuviera dictando.  Otras veces las ideas tardan en llegar, si es que lo hacen, y creo que es ahí, en gran parte, donde se vislumbra la belleza de la escritura, es decir, en la capacidad de conectar cualquier tipo de ideas por más contradictorias o descabelladas que parezcan.

Me gustaría tener muy desarrollado ese sentido de asociación de ideas, al mismo tiempo que un amplio conocimiento, para esas ocasiones en que la imaginación no funciona del todo bien.

Por ejemplo, que al mirar el post-it anaranjado que tengo pegado en el escritorio, con una nota que ya no recuerdo a qué hace referencia, tener presente que ese gran invento existe gracias a un químico que trabajaba para 3M, y que el pegamento que llevan los papelitos de colores es producto de un intento fallido de un material industrial para la construcción de aviones.

Miro a la derecha y veo un paraguas pequeño, de esos que suelo perder a cada rato ¿Qué hace ahí? No recuerdo cuándo lo puse en ese lugar, pero eso es lo de menos; lo importante sería que apenas me percate de su presencia, viniera a mi mente la historia sobre la creación de ese utensilio; saber que, según cuenta una leyenda china, fue inventado por Lu-Mei, quien había desafiado a su hermano a inventar un objeto que los protegiera de la lluvia.

También, que en un acto tan cotidiano como entrar al baño, recordara la historia de 1917, sobre el urinario que Marchel Duchamp envió a una exposición de arte, de la cual era jurado, en Nueva York, bajo el título “Fuente”, y que es considerada como una de las obras más influyentes del siglo XX.

Agarro el post-it, lo tiro en el inodoro y suelto el agua, para ver si con ese acto logro asociar ambos objetos. Nada ocurre en mi cabeza.  Vuelvo a mirar la sombrilla, pero prefiero dejarla en su sitio.  Algunas relaciones asombrosas deben esconder esos objetos, pero como suele ocurrir al principio no somos capaces de ver más allá de nuestras narices.

 

Autor: Juan Manuel Rodríguez
Twitter: @Vieleicht
juan manuel rodríguez

 

 

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