¿Cuál paz?

¿Cuál paz?

cuál paz

 

 

Si no cambiamos, nos fregamos

 

¡Paz, paz, paz! Es lo que queremos; es lo que gritamos a los cuatro vientos, y se nos llena el pecho y el corazón, cuales reinas de belleza, respondiendo a la pregunta del millón durante un certamen.
Sí, a todos nos encantaría que la paz llegara, pero esa realidad no sólo se ve distante, más bien se ve un poco utópica.

Cuando uno pregunta “¿por qué no hay paz?” miles de teorías afloran, todas señalando a un tercero como el principal culpable: El gobierno, las FARC, el ELN, la delincuencia, la corrupción… y la lista es interminable, pero como le decían a uno en el colegio: “cuando señale a alguien, recuerde que otros tres dedos lo están apuntando a usted” Y sí, nosotros somos la razón por la que no hay paz, (eso sumado a todas las anteriores, claro está). Los colombianos somos muy dados a culpar a los demás y a luego lavarnos las manos, justificando nuestras acciones como un reflejo de supervivencia que se manifiesta en un entorno corrompido por actos ajenos que conllevan a nuestro deplorable comportamiento, es decir, “si los demás lo hacen lo tengo que hacer también yo o sino me jodo”.

Somos un Víctor Frankenstein que se lamenta de su propia creación. Nos quejamos de la corrupción de la Policía, lo salvajes, violentos, vivos, y ladrones que pueden ser (ojo, sólo cito palabras de terceros), subimos fotos y vídeos a las redes sociales de los mismos recibiendo “el aguinaldo” de los conductores ebrios y gritamos “¡qué irresponsables!”. Pero cuando somos nosotros el borracho detrás del volante, ahí sí se nos olvida, y con cautela y picadita de ojo, sacamos un billetico ‘para la gaseosita’ y se lo pasamos al policía con un apretón de manos.

Nos quejamos del racismo, de la discriminación, pero si tenemos un inconveniente con un afro-descendiente lo primero que decimos es “negro tenía que ser”, o si es un gay “marica tenía que ser” y de tal manera buscamos cualquier detalle, defecto o característica para usarla en contra del otro y fomentar al odio.

Nos matamos por equipos de fútbol, por partidos políticos, por expresidentes corruptos que sólo consiguieron joder al país y por el presidente actual que está contribuyendo fuertemente a esa línea de mandatarios paupérrimos.

Queremos paz, pero salimos a marchar en contra de ella dizque porque la queremos sin impunidad. A ver, eruditos, ¿esperan que las FARC digan que van a dejar las armas y voluntariamente cada uno se va a entregar para pagar cárcel? No sean güevones, que el uribismo no les nuble la lógica.

¿De verdad queremos paz? Cambiemos nuestras acciones, comencemos por cosas pequeñas: Paremos cuando veamos el semáforo en rojo y permitamos el paso al peatón, respetemos las diferencias, no arrojemos basura a la calle, dialoguemos en lugar de pelear, seamos responsables por nuestros actos, cuidemos a los animales, ayudemos a preservar la naturaleza, ahorremos agua y energía; respetemos las leyes, y así, por pequeño que parezca el acto, poco a poco lograremos construir un sentido de pertenencia entre nosotros y la sociedad, acercándonos a un estado de consciencia en el que se cambiarán las armas por palabras y las balas por abrazos.

 

Autor: Yamil Chuaire
yamil chuaire

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