A la altura de las películas de terror

A la altura de las películas de terror

Alejandro Liscano

Alejandro Liscano

¿Será necesaria tanta tragedia y crueldad en los cuentos infantiles?

La tragedia y la sangre están presentes en la mayoría de las historias con las que acostumbramos entretener y arrullara los niños. Es un milagro que no se traumaticen con los cuentos clásicos, principalmente con aquellos de los Hermanos Grimm, que nos leyeron en algún momento de nuestras vidas y ahora se los leemos a las nuevas generaciones. Son historias plagadas de crueldad en cada una de sus formas: abandono, discriminación, secuestro, maltrato físico y psicológico y todo tipo de muertes y asesinatos.

Si hacemos memoria, en Caperucita Roja el lobo se come a la abuelita, literalmente. En algunas versiones Caperucita corre la misma suerte. Heidi es una niña pobre, quien es dejada en el frío de los Alpes, a cargo de un anciano descuidado de quien se sabe poco. Pinocho y su creador son engullidos por una ballena. Pulgarcito es comprado y alejado de su familia con el fin de exhibirlo como un bicho raro. Más adelante se lo traga una vaca, y como si eso no bastara, luego se lo come un lobo. En Rapunzel una bebé recién nacida es entregada a un bruja, quien más adelante la encierra en una torre sin puertas ni escaleras en medio del bosque. Y la tapa son el Patito feo y Hanzel y Gretel. En el primero debido a la fealdad, desproporcion y torpeza del personaje principal, este

sufre la discriminación, burla y abandono absoluto de su propia familia, madre y hermanos; casi muere durante un nvierno al huir del ambiente hostil de su hogar. Y en el segundo, los propios padres abandonan a los niños en medio del bosque, para luego ser encontrados por una bruja, quien los piensa cocinar en una olla, cual gallinas en sancocho.

Todos estos cuentosson clásicos, bellas obras de literatura sobre las cuales se han hecho múltiples variaciones y adaptaciones para películas y series de televisión. Son obras llenas de magia y diversión que han cautivado a los niños alrededor del mundo. No obstante, cabe preguntarse si será necesaria tanta crueldad y tanta violencia para la entretención de los escuchas de temprana edad. Por otro lado, si unamayoría de los niños han sido capaces de soportar todos estos cuentos infantiles, sin quedar trastornados, y sin desencantarse de los conceptos de la familia, de la sociedad y de los animales, entonces tampoco debemos preocuparnos por la violencia en los programas para adultos, a los cuales también son expuestos, pues aparentemente ya vienen inmunes. A lo mejor es la manera para prepararlos para la vida misma, para la monstruosidad del ser humano.

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